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viernes, 23 de enero de 2009

Natasha Luna - “Melcochita siempre me ha caído bien, y creo que es un buen ejemplo de mis gustos extremos”.



La contacté por correo electrónico. Ella ahora se encuentra en Francia, haciendo una maestría en Filosofía, rama de las humanidades en la que se especializó en la Universidad Católica del Perú. Para quienes no la ubican, pues se las presentaré de forma muy sencilla: es la cantautora peruana más interesante de la generación del 2000. Con dos discos a cuestas -Emilio (2005) y N (2008)-, ha construido un mundo muy particular, lleno de oscuridades y sonidos góticos que generan atmósferas de tensión y angustia. Como ella misma afirma, quizás su propósito es hacer “un Blade Runner en la época medieval”.
No puedo dejar de señalar que yo la conocí previamente a esta entrevista. Claro que nunca había conversado con ella. Solo la veía pasar apurada por el campus de la Católica, llevando una mochila pequeña y un gesto de fragilidad que me conmovía y hasta gustaba. Alguna vez pregunté por ella a una amiga de su facultad, y me dijo lo de siempre: “es buena gente y empeñosa con sus estudios”. Al poco tiempo, Natasha sacó a la luz su primer disco, y mi sorpresa fue tremenda: ella, con una humanidad tan frágil, había pergeñado un mundo de estremecedoras sombras y finezas de horror.
Iniciamos la entrevista con algunas palabras amables, a través de las posibilidades comunicativas del messenger. Como verán más adelante, Natasha esconde más de una sorpresa y, pese a las ideas que muchos tienen de ella, no solo disfruta de las complejidades de las tinieblas, sino también de algunas manifestaciones culturales más pedestres. Por ejemplo, de Melcochita, cómico afroperuano de gran popularidad entre las más numerosas masas.
Como diría mi hermano menor, arranquemos por el principio.Ja, ja, ja

¿Cuáles son las primeras piezas musicales que recuerdas de tu infancia?Me cuentan, y me acuerdo algo de ello, que "cantaba" y "tocaba" con una raqueta de tennis, "We're not gonna take it" de The twisted sister. Esa siempre es una anécdota en la familia.

Mira, qué buen gusto.
Luego, recuerdo mucho Thriller de Michael Jackson. Teníamos en BETAMAX toda la realización del vídeo. Era muy niña, pero me encantaba verlo una y otra vez, y completo (quizá ahí comience mi amor por el cine y su proceso). Y claro, me gustaba la canción misma. Hasta ahora valoro la precisión del baile, la música, la idea.

Dime, ¿Michael jackson y The twisted sister llegaron a tus oídos por la radio o por la influencia de algún familiar?
Michael Jackson es algo que estaba en casa. Además del vídeo teníamos algún vinilo de él. Lo de Twister Sister debió de ser por la tele. Pero eso es en verdad mi niñez. Entre mi niñez y mi adolescencia, la cosa va cambiando, y ahí sí, la influencia de mi hermano mayor es importante.

Un hermano mayor. ¿Cuántos años te lleva?Mi hermano me lleva 10 años. Soy la menor, tengo otras 3 hermanas. Y, en general, en la familia, soy la menor de los primos. Así que yo creo que he recibido influencias de todos. Escuchaba desde The Beatles hasta Beethoven.

¿Solo de rock y música académica?A ver: música académica, algo de música popular (son cubano, folklórico andino), rock (varios). Y a partir de los 10 o antes, música como The Smiths. Recuerdo haber hecho una exposición sobre Morrissey en 3ro de media.

¿Eso fue en los 90?Sí. Mi hermano trajo todas esas cosas a casa. Así que al Moz lo tengo desde épocas muy influenciables.
¿Tu hermano qué otros grupos te hizo escuchar?Smiths, Smashing Pumpkins, Radiohead, REM, los Prisioneros (y me da mucha risa mencionar a estos últimos porque, salvo Corazones, musicalmente son terribles). Y bueno, mucha música alternativa en general de grupos que fueron one hit wonders, y de los cuales ya ni recuerdo sus nombres.



Eso fueron los inicios de los 90...Sí, inicios de los 90. Ahí es cuando la música entra en mí con fuerza, no solo como distracción que atrae a todos, sino como algo mío.

¿Escuchaste también a los ingleses?Aparte de Smiths; Happy Mondays, James, Sex Pistols, Clash, Joy Division. Sucedía que yo rebuscaba entre las cosas de mi hermano. Pero él lo que nos mostró a todos, repetidamente y hasta el cansancio, fue The Smiths. Ah, y un documental sobre Sex Pistols.

¿Escuchabas también rock de los 60 y 70?Casi nada.

¿Ni Pink Floyd?Eso lo escuché mucho después.

¿O sea tú conociste a Sex Pistols antes que a los Floyd?Sí, y eso dice mucho. Pistols antes que Floyd; Smiths antes que Deep Purple; James antes que Grand Funk, etc.

Yo recuerdo que en los 90, a mediados y finales, cuando iba a las fiestas de los colegios, sonaba solo rock, y las chicas y chicos bailaban hasta Metallica. ¿Tuviste la misma experiencia?Claro, a mí los 90 me parecen una buena época. No celebro los 80 como tanta gente, y ciertamente menos lo que viene ahora.

Musicalmente, claroPor mi cuenta busqué Soundgarden, Stone Temple Pilots, y no me cansaba de escucharlos.

Es raro que no menciones a NirvanaJa, ja, ja. Es que está ahí siempre.

¿Te sigue gustando Nirvana?Es una influencia para todos los de esa época, y sí me sigue gustando. Hay épocas en las que vuelvo a escucharlos. Personalmente me ha influenciado mucho el grunge. Dónde puede verse eso en lo que hago, no sé.

Eran los 90. La segunda década del rock subterráneo peruano. Aparecieron los Dolores Delirio, Rafo Ráez, etc. ¿Los escuchabas?No. Escuché algo de Dolores Delirio, pero nada más. Hasta ahora, por alguna razón, no escucho lo que se hace en el Perú.

Eso explica de alguna forma tu insularidad.Bueno, he escuchado también a Mar de Copas, pero hasta ahora me parece incomprensible.

¿Incomprensible o insoportable?Insoportable, uno. E incomprensible que tengan el impacto que tienen. Incluso con una canción reciente que salió en una película. No sé cómo se llama. Pero tiene una música y una letra que me parecen terribles. De hecho han realizado mejores cosas. Eso se nota.

Yo he prestado mucha atención tu música, y le he buscado referentes previos en el Perú. Y bueno, quizás algo de Voz Propia tenga alguna vinculación contigo.Me han dicho lo de Voz propia, pero no los he escuchado. Hay gente que me dice que no debería decir esas cosas. Uno porque pueden tomarlo a mal, y dos porque se supone que debería conocer más de música porque hago música. Pero no veo la relación NECESARIA.

Entiendo lo que dices. No hay una relación necesaria. Cada quien se forma una propia tradición en las artes que practica. Pero comprende que como crítico o como pseudo crítico trato de darle algo de lógica a la construcción histórica del rock en el Perú. De modo que, por lo menos teóricamente, quiero creer que los músicos peruanos se escuchan entre si.Ok, pero es que una persona no se forma a partir de una necesidad de lógica en un proceso histórico. Yo tengo muchas influencias musicales de afuera, pero más importante aún es que me he criado en el Perú, en Lima, para ser más específicos. Y no es que uno saque todo lo musical desde una parte del cerebro solo relacionado con la música, sino de todos lados. En ese sentido, lo mío, creo, siempre será rock peruano porque mi identidad se ha forjado en Lima, en una época en que ya se estaba globalizando, y en medio de un ambiente (el mío) que más jalaba hacia la música británica y americana.

Ok. Un detalle o una curiosidad: ¿estás escuchando algo ahorita?En este momento, no, pero pensaba poner algo porque las preguntas me ponen nerviosa. Pensaba poner Mahler.

Asu, qué triste.Hace dos semanas escucho obsesivamente a Mahler.

Si yo hiciera lo mismo, terminaría con un tiro en la cabeza. En fin, yo estoy escuchando el Abbey road de los Beatles.¡Qué buen disco! O sea, de hecho lo es y todos lo saben, pero yo le tengo un cariño particular.

Yo también, porque es el primer disco de rock que escuché. Bueno, los 90. Me imagino, calculo que acabaste el colegio a finales de los 90. ¿Me equivoco?Hice el bachillerato, así que acabé a los 17... Eso fue en 1998.

Era la época de Fujimori y la technocumbia.Cierto.

¿Rescataste algo de ese tipo de música masiva?No, no rescaté nada porque estaba hecho de la forma más barata, sin amor a nada, y se nota, se nota en el mal sonido, se nota en la exageración, se nota en todo.

Bueno, a mi me gustaba algunos punteos de Tito Mauri, el compositor, guitarrista y esposo de Rosy War.Suelo tardarme en apreciar esas cosas. Yo rechazo todo, cuando lo rechazo, como si fuera comida. Es decir, si no te gusta algo, simplemente lo rechazas completamente.

Y además me inquietaba que alguien llamada Rosa Guerra se autodenominara Rosy War.No sabía eso del nombre. Ja, ja, ja. Pero bueno, aquellos punteos que mencionaste no me gustan, porque ese sonido que le dan a la guitarra nunca me ha gustado.

¿Ni el da la cumbia selvática de los 60 y 70, que, por cierto, es casi el mismo sonido al de Rosy War?Cambian las cosas por el toque y por los arreglos que lo acompañan. Pero igual... Es decir, hay muchos detalles del metal que me gustan, pero hay un tipo de sonido de punteo de guitarra que me parece insoportable. Claro que este gusto es personal.

¿O sea no te gusta Juaneco ni Bareto?Ah, espera, el que un punteo no me guste no dice que no me guste el todo.

Es que hace un momento me dijiste que si algo no te gustaba lo rechazabas del todo.Claro, en un comienzo. Por eso hice referencia a la comida.

Exacto. Y me dijiste que no te gustaba la technocumbia. Luego que tampoco la música cumbia de los 60 y 70. Y bueno, lo lógico es inferir que no te gusta Juaneco ni Bareto.No escucho cumbia. Y la technocumbia nunca me gustó. La cumbia no me jala, pero no me parece insoportable. Ahora, sobre Bareto, no los he escuchado. Y no tengo nada contra ellos porque conozco a Joaquín desde el colegio, y es un muy buen tipo.

Bueno, Bareto hace, entre otras cosas, covers de Juaneco.Sí sé lo que hacen, he escuchado pedazos, pero nada como para opinar.

Volvamos a la década de los 90. ¿Fueron tus inicios en la universidad?No, porque me dediqué durante un año y medio a la nada.

Pero incluso en esos momentos uno tiene su soundtrack. ¿Cuál era el tuyo?No recuerdo que haya cambiado mucho. Llevaba siempre un walkman con los mismos temas de siempre. Soy una persona que no se cansa de escuchar lo mismo, y por eso no soy melómana en el sentido de conocer e investigar cosas nuevas. Una vez me preguntaron: oye y que estás escuchando ahora, y dije el Sticky Fingers de los Stones, porque había vuelto a eso.

Ok. Pero en el 2000 seguiste escuchando lo mismo. ¿O sea en la universidad no hubo un giro, una vuelta de tuerca?No recuerdo algún cambio en particular, más amor le tengo al cine, y de hecho lo considero la mayor influencia en mi vida: musical, visual, intelectualmente (esto último con la filosofía).

Ok. ¿Pusiste a Mahler?
No. Nada.

Yo estoy escuchando el Cumbia de Bareto.Cuando regrese al Perú me lo compro.

A mí me gusta mucho Bareto. Los sigo desde su primer disco.Ese no lo escuché por falta de curiosidad, pero me enteré de buenas críticas de todos lados.

Es que son muy buenos. Y han logrado algo muy interesante, algo extramusical. Han llevado música considerada hasta hace algunos años perteneciente a determinada clase social y económica a una suerte de explosión masiva. Es más, estoy seguro que el Grupo 5 toca covers de Juaneco, porque Bareto los ha hecho.Eso me parece bueno, y me parece INJUSTO las acusaciones que afirman que se están aprovechando de la música de otro que vendieron menos.

Es cierto... Y hay un detalle más, un detalle que también los hace especiales a los Bareto: siempre llevan una bailarina muy guapa a sus conciertos.Ja, ja, ja.

¿Pero bueno... como así, escuchando solo a los ingleses y los gringos de los 80 y 90, te salió un álbum tan oscuro como el Emilio?Sabes, el cerebro es tan extraño que yo creo que esa parte de Thriller en la que hay un "paréntesis" y la música se pone más oscura, y salen los muertos de la tumba, mi cerebro la guardó para siempre.

Ja, ja, ja. Michael Jackson se sentiría muy orgulloso por originar una influencia muy particular.Ese “paréntesis” es un dark bien pop. Y no tengo prejuicios que me impidan señalar esa influencia.

Eso me suena más simpático que decir aquello de rechazar el todo de un conjunto por la apreciación de algunas partes.Claro, en el caso de la cumbia, no es un rechazo, es solo falta de afinidad, y esas cosas están más allá de uno.

Mira, te preguntaré algo que sonará raro. ¿Conoces a Melcochita, no?Claro.

¿Sabías q escribe Haikus?
No, pero no me sorprende. Melcochita es inagotable y lo aprecio mucho, aunque de su música sé poco. Tengo conocimiento que es un buen músico, o eso dicen.

Claro, pero el detalle es el siguiente. Mucha gente, digamos que “culta”, afirma que Melcochita es un vulgar, un bruto, un racista y etc... Pero mira, tiene su lado sensible: escribe Haikus. Claro que digamos que no llega a la iluminación al modo de los orientales, pero los hace...La sensibilidad se forma de muchos lados, mira a Toulouse Lautrec y de dónde se alimentó para su arte, de todo ello que la gente considera vulgar. Ahora bien, estas personas no saben diferenciar. Hay mucha gente que solo escucha Jazz y música académica porque con el tiempo así se lo ha impuesto, pero muchas tienen poca sensibilidad o inteligencia.

Es cierto... Te paso, pues, un Haiku de Melcochita. Ahí va: Un negro ansioso / Tu mama calata / No te digo más... O sea, reproduce la lógica del humor de Melcochita, pero es un Haiku al fin y al cabo, y hasta muy superior a los que a veces hacen algunos poetas peruanos.
Ja, ja, ja. Claro.

Pero vayamos al tema de lo oscuro. A tu música en sí... Para mí tu primer y segundo disco son una invitación a las tinieblas, a la angustia, a arrojarse a un vacío de vértigo. Es más, hay momentos en que la voz le canta a otra persona, pero ese otro parece una presencia metafísica. Dime, ¿hubo una necesidad expresiva o una lógica de arquitecto del arte? ¿Hubo más impulso que técnica? ¿Hubo demonios o solo generación de atmósferas?Son las dos cosas. Mi forma de pensar es la del soliloquio, y en el soliloquio la otra persona, porque siempre hay alguien más, soy yo. Creo también que las atmósferas ya están. Por eso considero que el cine es una gran influencia en mi música. Mi música es como música de una escena. Vivo en esos mundos de castillos, fantasmas, poca luz, temor. Un Blade Runner en la época medieval.

Eso sonó muy bien.Por cierto, recién caigo en la cuenta (hace unas semanas) que Harrison Ford ha sido parte de tres películas, diferentes sí, pero importantísimas, y no tiene que hacer más.

Has mencionado dos veces el cine... ¿Quizás te gusta el cine alemán de inicios del siglo 20?¿Cómo Fritz Lang?

Claro.Bueno, esa es la inspiración para la portada. En lugar de la M, N. Es como si alguien me buscara y me quisiera marcar, yo soy la del crimen, y yo me marqué a mí misma. Otra vez en el segundo disco me hablo a mí.

Mira, quizás mi humor corroe algunas cosas que son mas o menos serias. Pero en un principio pensé que esa N era en realidad una Z, y era la del Zorro.Ja, ja, ja.

Lo siento. Pero así he visto tu carátula.Pues a mí siempre me gustó la idea de la Z del zorro. Y no hay problema, algo de humor tiene que haber.

Claro...Por eso yo misma busco quitarle la seriedad a mis cosas. Es la influencia limeña. Lima se me ha metido por todos lados, porque es donde crecí.

Pero yo no le veo nada de humor a tu música.Lo sé, pero cuando me ven como muy seria, yo trato de quitarle eso, porque luego, las cosas que dicen sobre mí, no las reconozco tanto.

Escuchar el Emilio y luego N como que da la sensación de que eres una persona que vive afligida, ansiosa, y tiene en su refrigeradora palomas y gatos muertos, y los toma con las uñas y se los come sin cocinar.Ese es mi imaginario, sí, pero las cosas son más hermosas y más complejas. Yo creo que si fuera esa persona, no haría lo que hago COMO lo hago.

Claro. Hay algo que me atrae mucho de tus discos: las liricas. ¿Te gustan los franceses del 19, no?Uf. No sé si me gustan o me obligaron. Estudié en el Franco Peruano, y el 19 entró por todos lados. Era más importante que todo. Los franceses se quieren mucho, eso es clarísimo, y vivir y alimentar a los otros de su literatura es casi su deber. Ciertamente Baudelaire es clave. Sus esqueletos, sus muertos, su desprecio, pero también su amor.

¿Pero has leído a los peruanos también?
Vallejo, claro, y lo voy a visitar a veces, y le hablo. Eielson de todas maneras. Adán.

¿Y de los peruanos vivos?Pues me gusta mucho lo que hace Romy Sordómez. Yo no tenía mayor interés en leer la poesía actual, y me di con su plaqueta. Algo me llevó a darle tiempo, y me enamoré de ella, y luego la conocí, y me gustó cómo es ella también, tan fuera de la seriedad y la solemnidad de nuestros literatos y poetas jóvenes.

Es cierto... Y bueno, ahora conoces a otro poeta contemporáneo: Melcochita.Ja, ja, ja. Claro. Melcochita siempre me ha caído bien, y creo que es un buen ejemplo de mis gustos extremos.

Mira pues...ese será el título de la entrevista: Melcochita siempre me ha caído bien, y creo que es un buen ejemplo de mis gustos extremos.Aprecio a Melcochita, y aprecio a Martha Hildebrandt.

Yo a Martha no la aprecio mucho.Casi nadie.

Claro...Pero yo sí.

En mi caso, aprecio a Melcochita y a Denegri, que al fin al cabo son casi lo mismo.Yo era fan de Denegri en mi adolescencia. Me veía todos los programas, pero luego le fui perdiendo el gusto. Es repetitivo y muy dogmático.

Dime, ¿te gusta la narrativa?
Sí, la filosofía me ha absorbido demasiado, pero he vuelto a la literatura leyendo a Orhan Pamuk. Es decir, siempre está, pero he vuelto con otro interés a ella.

¿Alguna preferencia por algún peruano?Vargas Llosa por encima de todos, es el monstruo que es porque es un monstruo.

Pero más allá de dios, entre los mortales, ¿tienes alguna preferencia?Arguedas, Ciro Alegría. Recuerdo haber disfrutado mucho Los perros hambrientos. Depende también de cuándo llega un libro.

¿Y algo de las generaciones más recientes?Tengo que admitir que sé poco, porque fue ahí cuando la literatura se me perdió.

No te preocupes. No te estoy tomando un examen de conocimiento. Solo te pregunto por cosas que también me interesan un poco a mí.
Ja, ja, ja. Pasa un poco como con la música: leo lo clásico, y lo nuevo tiene de verdad que jalarme para que vaya hacia ello y le dé tiempo.

Entiendo. ¿Y del cine peruano?
Uy, ahí sí poco cariño.

¿Algo es rescatable para ti?
Lo que recuerdo con buenos ojos es La Boca del lobo. Y de lo actual Madeinusa. Recuerdo.... mmm... no sé si se llama Espejismo.

¿De quien?
Eso jugó una gran influencia en mí. El desierto y la voz que decía: quién es el hombre que corre.
Creo que te refieres a una película de Robles Godoy. Y tienes razón. La película se llama Espejismo.
Esa. Ese tipo de silencios y de vacíos creo que están en mí.

Como el momento oscuro de la canción de Michael Jackson...
Ja, ja, ja, sí. Son cosas precisas, claves, singulares, un pedazo de algo de pronto es más fuerte que el todo... Aunque algo que como un todo me enamoró fue Anna Karenina, y por eso creo que es la mejor novela que he leído.

¿Y Madame Bovary?
También, pero menos. Nada como Anna Karenina.
¿Eres una Anna Karenina?No.

¿Te gustaría serlo?
Tampoco. Me gusta ella siendo ella.
Me refiero por su búsqueda de libertad, de plenitud.Es diferente, ella no la tenía, ni tampoco Madame Bovary.

Pero la buscaban, iban detrás.Es una búsqueda cuyo sentido se explica mucho por la situación en la que están.

Ok. Espero no haberte aburrido ni agobiado.No.

Gracias por tu tiempo.De nada.

Y disculpa mis tonterías.Pues no recuerdo ninguna.

Mencionar a melcochita, la z del zorro.Al contrario, me parece bien que no todo sea gravedad. Esto último me hubiera agobiado.

Ok. Entonces le damos fin a la entrevista.
Ok.

Adiós.Adiós.

Y bueno, esta fue la conversación con Natasha Luna, quien me sorprendió con su especial sentido del humor, su pasión por la poesía y el cine, y su conocimiento de la música rock de los 80 y 90. Para terminar quiero agregar algo a manera reflexión: algunos artistas son más complejos y profundos que el estereotipo en el que los encerramos equivocadamente. Si quieren comprobar esto, pues fíjense en Natasha y en su aprecio por Melcochita. ¡No vayan!

Julio Meza
Autor de la foto: José Orihuela
Foto sacada de:
http://secretarianarkista.blogspot.com/2007/01/luna.html


Algunas canciones gracias a You Tube:





domingo, 28 de diciembre de 2008

Rock en español, 2008. Algunas listas.



Sí, lo sé, el dibujo que encabeza este post es horrible y delata mi nulo talento para la combinación de colores. Pero, ¡demonios!, sentí que algo debía poner a manera de gráfico y no se me ocurrió mejor idea que usar el paint y perpetrar semejante marranada visual. En fin.

Bueno, este año, en lo concerniente al rock en español, nos ha regalado algunos discos inolvidables y otros, no muchos, para el olvido. Me hubiera gustado reseñar cada uno de los trabajos sonoros que pasaron por mis manos (y orejas), pero, debido a la falta de tiempo, la vaguería, el poco entusiasmo y un largo etcétera, no lo he realizado. Sin embargo, prometo que el 2009 procuraré estar a la altura de las circunstancias, e intentaré darle una que otra palabra a las producciones que se lo merezcan.

En primer lugar, quiero hablar sobre el rock de mi país, el Perú. En medio de una lluvia de publicaciones discográficas, en las que a veces destaca más el entusiasmo que el talento, ha habido tres discos que me llamaron mucho la atención. Y son los siguientes:

La Reina Pastrula - Rafo Ráez
Ya lo comenté, de modo que no diré mucho al respecto. Es un gran disco. Uno de los mejores que ha hecho Rafo. Escucharlo es casi tan obligatorio para el melómano como fumar una buena hierba para el drogadicto.

No te salves - Pelo Madueño
Yo no le tenía mucha fe a Pelo. Aunque en la liga del sueño hizo canciones destacables, sus discos eran demasiado irregulares. Su primera producción en solitario me pareció mediocre. De modo que pensé que Madueño solo sería recordado por su participación en Narcosis. Pero, ¡caray!, me equivoqué. No te salves es un buen trabajo. Con unas atmósferas intimistas, Pelo ha hecho piezas maravillosas. Espero que No te salves sea el primer ladrillo en la construcción de una obra solida y atractiva.

Hoy más que ayer – Catervas
Aunque ha pasado un poco desapercibido por los medios, Hoy más que ayer es un disco que merece una gran difusión, pues goza de una calidad altísima. Me sorprende mucho que, pese a la juventud de los músicos de Catervas, estos sean capaces de trazar líricas de temática adolescente pero con melodías muy bien trabajadas y, sobre todo, de una mesura o suave relajo que invita a la contemplación.

Aunque no es precisamente rock, también deseo indicar la excelente labor de Bareto en su disco Cumbia, el que, por cierto, ha sido objeto de una crítica positiva en este blog.

Ahora bien, en lo que respecta a lo hecho en otras latitudes donde se habla el español, señalaré que hay países que tienen una gran actividad rockera, que, por ese motivo, han originado discos de considerable calidad. Entres esas naciones, tenemos a Argentina, México y España. Lamentablemente, hasta hace muy poco, no había mucho intercambio de experiencias y trabajos entre los grupos rockeros de esos lugares. No obstante, gracias a los blogs, de los cuales se puede bajar todo tipo de discos, los latinoamaericanos y españoles nos estamos escuchando (y conociendo) con mayor facilidad. Y esto es una buena noticia.
Bueno, a continuación, sin ningún orden de jerarquía, enumero los discos extranjeros que me parecen los más importantes de este año que se va:

Reptilectric – Zoé

Ronroneando - Señor Chinarro

El manifiesto desastre - Nacho Vegas

Solar Extendido – Moenia

Un mañana - Luis Alberto Spineta

La luz del ritmo - Los Fabulosos Cadillacs

Humo y espejos - La monja enana

Unplugged - Julieta Venegas

45 – Jaguares

No sé si es Buenos Aires o Madrid - Fito Páez

Macho de monte suit – Cienfue

Tu labio superior - Christina Rosenvinge

Babasónicos – Mucho

Río folder - Aterciopelados

Airbag - Alto disco

Espero que, si las cosas salen bien, pueda escribir en los meses siguientes algunas frases sobre estos trabajos, los que, unos más que otros, recomiendo como objetos de placer auditivo.

Ahora bien, en lo que respecta a publicaciones escritas (tanto en formato convencional como en modo digital) relacionadas al rock, creo que han sobresalido estas que indico:

69
Excelente revista peruana que exhibe plumas en verdad talentosas. Algunos de sus textos no sólo están bien escritos, sino que incluso son joyas literarias. Otro detalle interesante: hay un humor socarrón que la atraviesa y la sazona hasta hacerla exquisita.

Freak out
Aunque no me dejaron escribir en esta revista -cosa que me generó cierto malestar que apagué con cerveza y rock-, respeto su calidad y la recomiendo como lectura obligatoria para cualquier melómano. Debo señalar que su plato fuerte son sus reseñas de discos.

Señor Pollo
Blog que se especializa en el rock de la península y que, con excelente criterio, hace buenas recomendaciones.

Madruguemos al tibu
Blog que recoge producciones rockeras peruanas de décadas pasadas. Lo interesante de este blog es que, a veces, cuelga discos de otros géneros musicales, dando muestras de un gusto musical abierto a distintas manifestaciones.

Oirán tu voz
Blog peruano que es una suerte de ventana al extranejero de la producción rockera nacional.

Lávate las orejas
Blog de unos enmascarados a los que tengo que agradecer mil y una veces por los cientos de discos que he conseguido gracias a ellos. La revisión diaria de este blog es una necesidad imperativa para cualquier amante de la buena música.

En lo tocante al hecho más conmovedor y feliz vinculado al rock, está la caída y mejora de Charly García. Sé muy bien que para muchos (quienes por lo común solo conocen al músico por sus berrinches o por el estribillo "estoy verde") Charly García es un insoportable. Pero para mí este argentino es un genio musical, y, sobre todo, es el autor de la banda sonora de mi ya lejana adolescencia. Sus canciones formaron mi educación sentimental y eso se lo agradeceré por siempre. Ojalá, pues, que Charly continúe con salud para seguir creando canciones con esos rasgo que tanto me gustan: tiernas, melancólicas y emotivas.

Y bueno, para cerrar este recuento, sólo resta nombrar la lista más atractiva: la de los peores discos del año. Y los ganadores son:

Helville De Luxe - Bunbury
Le he dedicado un post, y, por ello, no lo calificaré más que con dos palabras: lamentable fiasco.

Miedo escenico - Beto Cuevas
Este disco es tan malo que, luego de escucharlo estoicamente una docena de veces, me dije: "Ojalá Beto sea víctima de un miedo escenico y no vuelva a cantar ni componer jamás".

***

Llegué al final. Deseo, estimado lector / oyente, que esta lista sea una suerte de invitación para que trates de conseguir los discos mencionados. Pues ese es el objetivo de este blog: generar interés o curiosidad hacia el buen rock en español. Y espero que, por lo menos mínimamente, lo haya logrado en ti.

Feliz Año.
Julio Meza

sábado, 6 de diciembre de 2008

Disco: La Reina Pastrula (2008)

Solista: Rafo Ráez (Perú)

Hay un problema terrible en el Perú en lo que respecta al rock actual. Y ese problema es la ignorancia. Si tú, querido lector / oyente, te detienes en el Jirón de la Unión, que es un vía peatonal por donde transcurren cientos o, más bien, miles de individuos por hora, y preguntas al primer desprevenido, como un encuestador de institución sociológica, cuál es el mejor rockero peruano joven, lo más probable es que el entrevistado, muy suelto de huesos y con la seguridad de quien enuncia una verdad irrefutable, diga: Gianmarco o, en el mejor de los casos, Pedro Suárez Vértiz. ¿Por qué sucede esto? ¿A qué se debe tan escasas posibilidades de respuestas? ¿Y, por último, cuál es la razón por la cual nosotros, los peruanos, tengamos un gusto tan dudoso, por decir lo menos? Pues bueno, según mi parecer, los principales culpables son los medios, que reducen las opciones musicales a un puñado de perpetradores de bazofias sonoras, y, actuando a la manera de los peores dictadores, arrojan al olvido o al destierro a los verdaderos talentos, acusándolos de underground, difíciles o, incluso, poco agradables. ¿Por qué los comunicadores toman el privilegio de elegir por las masas? ¿Por qué no actúan de forma más transparente y reparten todas las cartas del juego -es decir, todos y cada uno de los caminos trazados por los diferentes músicos- y esperan a que el público, guiado por su mera intuición o preferencia estética, elija la mano con la que se debatirá en el mundo de las preferencias musicales? No lo sé. Tal vez haya intereses económicos detrás. Tal vez (cosa que es lo más probable) haya simple y llanamente estupidez en sus cabezas. Y es entonces esta estupidez la que mantiene en una perpetua ignorancia al público el cual, esperanzado en la supuesta buena iniciativa de los medios, elige únicamente entre lo que le ofrecen estos, y cree, en una suerte de ceguera cultural, que el mundo del rock contemporáneo es tan básico y esperpéntico como lo que ofrecen los mencionados Gianmarco y Pedro Suárez Vértiz.

Ahora bien, tú, querido lector /oyente, me preguntarás entonces: ¿qué otras alternativas hay en el rock peruano actual? Pues te diré una que, desde hace un largo trecho de tiempo, no es un secreto bajo inquebrantable llave, pero aún no logra la explosión de popularidad y reconocimiento que merece su obra. Y el artista en cuestión es Rafo Ráez.

Es cierto que Rafo no goza de una obra de una calidad constante. En su perenne búsqueda de nuevos sonidos, ha caído a veces en el pozo oscuro del disco fallido. Un ejemplo de esto es su penúltimo trabajo, Chasqui Change, en el cual, por tratar de dominar las teclas, diseñó canciones que bordean el abismo de lo horrible. No obstante, si hacemos las sumas y las restas, sacamos un resultado positivo en lo que respecta a lo hecho por Ráez. Este ha sido el artífice de discos tan redondos como Suicida de 16, El loco y la Sucia, Pez de Fango (en coautoría con el espléndido poeta José Watanabe), y esa cúspide melodiosa que es el Obsequio.

Pero lo mejor de Rafo no está solo en el pasado. Pues, en la línea de los mencionados discos, hace solo unas semanas sacó al mercado La Reina Pastrula, que, sin ninguna duda, es uno de los mejores productos del año no únicamente en el Perú, sino también en todo el mundo de habla hispana.

Con un sonido inaudito, que va desde lo juguetón hasta lo desaforado y violento, y pasa por lo tierno, desvariado y reflexivo, Ráez ha compuesto una amalgama de melodías y ritmos que llegan, a ratos, y con una fluidez desconcertante, a picos de genialidad que en pocas ocasiones se encuentran en nuestro hábitat sonoro. Y lo repito: no estoy hablando de la simple y talentosa perfección. Señalo, sin ninguna hipérbole de por medio, que Rafo en La Reina Pastrula linda con lo excepcional. Y esto, estimadísimo lector / oyente, hay que celebrarlo con palmas, licor y mucho rock and roll.

Pero vayamos a los detalles.

Las piezas de La Reina Pastrula son como joyas en una caja de chocolate: escogieras la que escogieras siempre te llevarás el premio mayor. Subrayaré en primer lugar las instrumentales: King Kong Palace e Incendio. King Kong Palace es una composición jazzística que procura una atmósfera entre gansteril y solemne, entre celebradora y melancólica. Incendio, de otro lado, es de aires andinos (con mayor precisión, ayacuchanos) y se asemeja mucho a Campo Minado de Corazones, un punteo de guitarra eléctrica que presentó Rafo en el Suicida de 16. Incendio, que es de un tristeza enfermiza, hunde al oyente en la explanada inabarcable de la soledad. Es, a mi parecer, como el gatillo del arma de una depresión profunda. En la Reina Pastrula hay también reflexión sobre lo nacional. Esto lo tenemos en Blanco y Rojo, en el que, alineando diferentes capas vocales, la voz dice: Yo soy peruano / rojo, blanco, rojo /pasión, quietud, pasión. Esta es, pues, una hermosa analogía entre los colores de la bandera y las características de lo peruano. En Mi Gordita encuentro alegría y buen humor, conectado con un ritmo bailable que haría las delicias de cualquier habitué de discoteca u otro lugar de diversión. Dice la lírica: Yo la quiero mucho y la quiero comer / yo la quiero mucho y la quiero tener / cerca siempre mío para fornicar / cerca siempre mío para conversar. Divertido, ¿no? Para los románticos, Ráez toca Los Amantes de Fuego, con una potencia que, gracias a la tensión de la guitarra y la batería sincopada, dibuja de manera muy sensual las pulsiones que dominan a los enamorados y que los empujan a las concreciones de los sueños de placer más salvajes. Dice Ráez: Se quieren besar / se quieren beber / se quieren pensar / los amantes de fuego / se dan uno a uno / se dan uno a dos. La pareja que persigue una imposible unidad hasta que, en ese camino desordenado y enloquecido, alcanzan la extinción crepitante que ofrecen las llamas del fuego. ¿Y la genialidad? ¿Dónde está la genialidad? Si eso deseas, querido lector / oyente, pues te invito a prestarle atención a Pueblo Jardinero. En un crescendo hermoso, esta canción parece dirigida a penetrar el alma del escucha y dominarla por unos breves minutos hasta hacerle recordar el platónico mundo de la ideas. Pueblo Jardinero es el sumun de la peripecia musical de Ráez en este disco, pues, con una sencillez que conmueve y perturba, elabora un discurso lírico que confunde y maravilla como el sueño del estremecedor opio o el retozar blando luego del amor perfecto. Un detalle de la lírica: Pueblo Jardinero / está clara la cosa / la espina es la hermana de la rosa / no es un sacrificio / la tierra es morirse / seré un jardinero de raíces / si muero.

¿Seguirás, pues, estimado lector / oyente, prefiriendo a Gianmarco o Pedro Suárez Vértiz? ¿Continuarás creyendo que el rock se limita a lo indicado por nuestros comunicadores obtusos (de los otros, de los inteligentes, también los hay, pero, lamentablemente, son pocos y están en extinción)? ¿Pensarás que Pedro Suárez Vértiz es nuestro Bob Dylan, como dijo alguna vez Jaime Bayli -ese excelente periodista político, pero pésimo escritor y peor crítico de arte-? Por favor, espero que cambies de opinión y le des una oportunidad a Rafo Ráez, quien, de seguro, no te decepcionará y al que, luego de apreciarlo, no lo considerarás de ninguna manera como nuestro Bob Dylan nacional, sino, orgullosa y definitivamente, como nuestro único e incomparable Rafo Ráez.
Julio Meza Díaz

You Tube y los amigos que suben música:




domingo, 16 de noviembre de 2008

Disco: Cuentos Chinos para niños del Japón (2007)

Grupo: Love of Lesbian (España)

En la actualidad, en la lejana madre patria, hay una movida pop muy interesante. Con sonidos delicados y armoniosos, algunos grupos le están insuflando un nuevo espíritu a su tradicional música popular. Sin embargo, en esta parte del mundo -latinoamérica-, se desconoce casi por completo lo que sucede en España. En las radios o programas de televisión, sólo se da espacio a proyectos demasiado comerciales (por ejemplo, la Oreja de Van Gogh) y hasta estúpidos (ahí tienes, querido lector / oyente, a Alejadro Sanz o Enrique Iglesias). Al otro lado del charco, hay creadores tan interesantes que, me parece, deberían obtener una mayor difusión por estos lares. Acá, se les llega a conocer únicamente por contactos personales o, de manera más amplia, por los excelentes blogs de propaganda y crítica (toma nota del siguiente: misterpollo.blogspot.com). En esta ocasión, pues, hablaré de uno de los protagonistas de esta nueva generación de talentos: Love of Lesbian.

Aunque comenzaron cantando en inglés, este puñado de barceloneses ha sacado a la luz un par de discos en español que conforman lo último de su excelente carrera artística. Un buen melómano como tú, estimadísimo lector / oyente, debe tener entre sus archivos las siguientes joyas: Maniobras de Escapismo (2005) y Cuentos Chinos para niños del Japón (2007). Para mí, este último trabajo es de una calidad estética tan notable que, desde su primera apreciación, conmueve de modo rotundo y genera una necesidad adictiva a su sonido. Las canciones de Cuentos Chinos para niños del Japón no son simples estructuras de melodías ligeras y tiernas. El estilo que impera entre estos tracks va más allá de la mera realización de un producto agradable para el oído corriente. En estas logradas piezas, se puede detectar el oficio cuidadoso de unos creadores que dominan la materia sonora. Gracias a esta capacidad, según sus deseos y aspiraciones, obtienen formas musicales ingeniosas, de tonos que van de lo festivo a lo melancólico y de una carga expresiva que sorprende por su transparencia y, a la vez, complejidad.

Cuentos Chinos para niños del Japón arranca con una pieza que posee una suavidad que hipnotiza y atrae. Esta es Universos infinitos que, con una guitarra acústica y otros artificios, brinda la entrada correcta para lo que será la atmósfera general de la producción: un espacio sónico de alegre melancolía. La lírica suelta: “Ahora dicen que hay muchos más universos / infinitos como el nuestro / dime si no es para volverse loco / ¿no te sientes más pequeño?”. Quizás esta sea una forma de referirse a su propio universo creativo. Un guiño intertextual de apertura del conjunto. Noches reversibles sigue con la misma lógica. Un fondo suave, sin muchas pretensiones, pero que seduce con efectividad. Es como cada uno de los giros casi imperceptibles de un trampolín vertiginoso que conduce al placer de los oídos. La voz canta: “Si pudiera transformar nuestras noches en ciclos sin final / podría ser tan fácil, sería espectacular si fueran reversibles aquellas noches de incendio”. Se hace mención, pues, a la imposibilidad de volver al pasado. Inmediatamente después, el disco tiene una transformación interesante, pero que no destruye la lógica general. Con Villancico para mi cuñado Fernando, Love of Lesbian opta por darle un ligero cambio a su estilo: acelera sus cuerdas, hace malabares verbales y torna lúdico su sonido. Dice la voz en los coros: “Te acabas de buscar la ruina / y ahora yo empiezo a reaccionar / mis brazos se mueven como aspas de ventilador / me da igual que sea navidad / con hilo dental pienso hacerte la circuncisión”. La violencia se impone en una relación familiar quebrada por desavenencias. En “Me amo”, que constituye un alegato feliz sobre la autoestima más desmesurada, se aprecia con claridad los chispazos virtuosos y juguetones que marcan esta parte de Cuentos Chinos para niños del Japón. La lírica detalla: “Soy un ser divino / ven a adorarme / qué buena suerte / amarme tanto”. Evidente auto aprecio, ¿no? Y, por último, comentaré la canción que me ha subyugado: Shiwa. Aunque no comparte el sonido del resto del conjunto, es tan encantadora que, empujado por su mensaje pacifista, estuve a punto de cambiarme de religión y flotar por las aguas mansas de las doctrinas sencillas pero iluminadas. Esto no lo digo nunca, querido lector / oyente, de modo que presta atención: quizás Shiwa, gracias a su redonda belleza, pueda cambiarte la vida definitivamente.

Y bueno, ¿se llegarán a popularizar discos tan contundentes como Cuentos Chinos para niños del Japón? ¿Tendremos que seguir escuchando en las radios bodrios españoles semejantes a David Bisbal? ¿Nuestras quinceañeras latinoamericanas y demás féminas de dudoso criterio continuarán pensando que Alejandro Sanz es un gran letrista y se yergue como el non plus ultra de la composición en la península ibérica? ¿Alguien reconocerá que el pop de la madre patria no murió con Mecano o con los trabajos ochenteros de Miguel Bosé? ¿Quién nos podrá salvar del terrible destino que le esperan a nuestras oídos? ¿Colgarán a los DJS de marras que se rigen por el gusto (o estupidez) de las mayorías? ¿Maldita sea, vendrá el Chapulín Colorado y asesinará a los dueños de las enormes disqueras idiotas?... Sólo hay algo cierto, finalmente: el mundo de los sonidos gratos no se limita a las obras de un puñado de autores archiconocidos y archibabosos; después del horizonte del dial, hay más, mucho más. Querido lector / oyente, libérate, y ve tras ese infinito de placer.
Julio Meza Díaz


Youtube y sus virtudes:






miércoles, 29 de octubre de 2008

Disco: Helville De Luxe (2008)

Solista: Enrique Bunbury (España)

Algunos de mis amigos, fanáticos de Héroes del Silencio, me habían afirmado que el ex vocalista de dicho grupo era, en la actualidad, un pésimo cantautor. Dudando de esas palabras, me atreví a juzgar por mí mismo la calidad compositora de Enrique Bunbury. “No quiero dejarme llevar por opiniones de otros”, me dije, y conseguí el Helville De Luxe, el último disco del pelucón español. Y, como sospechas, querido lector / oyente, lo escuché de inmediato, con las ansias que proporciona una curiosidad inapagable. A continuación, luego de la primera experiencia, cavilé: “De repente necesita otra oportunidad”. Y, con ese razonamiento, me metí por las orejas la música de Bunbury como una docena de veces. Finalmente, exhausto, y con la repulsión del que ha probado por terquedad mil pestilencias, vomité mi juicio inapelable: “El Enrique este, para no desperdiciar su tiempo, y el de sus escuchas, debería emplear el resto de su existencia en oficios más adecuados para su talento. Quizás la contabilidad o la ebanistería sean lo indicado para su desarrollo vital”.

Sucede, pues, que el Helville De Luxe es un disco fallido por donde se le analice. Sus canciones carecen de la menor audacia creativa, y parecen cortadas por la tijera de un autor no mediocre, sino más bien evidentemente pésimo. No basta con manejar una voz de registro considerable, estar vestido con los ropajes de la fama del pasado y, además, tener el respaldo de alguna disquera poderosa. No, todo eso no es suficiente. Para hacer buena música, se requiere de trabajo constante y de una luz (dícese, por la mayoría, inspiración) que recoja y organice de manera destacable el conocimiento de la tradición a la que uno se inscribe. Y ese es el gran error de Bunbury. Pareciera que no está informado más que de los referentes de su antigua banda, Héroes del Silencio, y no hubiera tratado de acumular las experiencias de otras estéticas. El Helville de Luxe suena a Héroes del Silencio, pero en su versión más sosa y aburrida, y sin ningún destello en particular.

Comentar por separado las canciones de Bunbury es un ejercicio vacío. Cada una de ellas arrastra una torpeza que hastía e incluso amarga. Pues molesta (sí, lo digo con todas sus letras: molesta) que alguien que fuera considerado un gran artista allá por los 80 y 90, en la actualidad no sea más que la sombra pálida de su propia sombra. Las migajas restantes del gran banquete de la música.

“¿Tenían razón mis amigos?”, pienso. Pues sí. Es triste pero cierto: Enrique Bunbury es un pésimo cantautor. Si desean comprobarlo, adquieran el Helville de Luxe, y vayan pensando, desde ya, qué harán con el disco. Les doy una sugerencia: úsenlo de frisby.

Julio Meza Díaz.

Gracias a You Tube:





jueves, 16 de octubre de 2008

Disco: No sé si es Buenos Aires o Madrid (2008)

Solista: Fito Páez (Argentina)

Recuerdo que en los 90, cuando me encontraba en el colegio -estuve gran parte de mi niñez y adolescencia en el San Agustín, esa ultra conservadora institución educativa que se ubica en Lima, en un barrio pudiente llamado San Isidro-, cuando estaba en quinto o sexto grado de primaría, comentaba, había datos de mi persona que guardaba como secretos de gran valor sentimental. Por ejemplo, nunca le decía a nadie, ni a mis más cercanos compañeros, que era un filatélico empedernido que, con una lupa de por medio, me pasaba horas contemplando las imágenes diminutas de esos papelitos los cuales, pese a su ínfimo tamaño, poseen para los conocedores una inmensa estima artística y monetaria. Otra de las intimidades que no sacaba a la luz era mi gusto por la música rock, y, sobre todo, por el placer que me despertaban las melodías exquisitas de Fito Páez. ¿A qué se debía esta vergüenza? Pues a un hecho execrable. Sucedió en una actuación en el San Agustín. Un grupo de estúpidos y carentes de talento, empuñando con torpeza instrumentos musicales, ejecutaron la peor versión que he escuchado de Mariposa Technicolor. En los coros, dando muestras de un idiotismo palpable, estos chiquillos, en vez de repetir el título de la canción, gritaban a voz en cuello: “¡Fito Páez es un cabrón!”. Que fuera verdad o mentira esta frase era lo de menos. El problema se centraba en que, desde ese momento, en el inmenso ámbito del San Agustín, se condenó a cualquier escucha de Páez al exilio absoluto y a la mofa más pérfida.

En la actualidad, el asunto me causa gracia, por supuesto. Pero en su momento me generó una enorme preocupación. Si, empujado por un arrebato, daba a conocer mi recóndito gusto por el talento del rosarino, pagaría caro mi audacia; de modo que esto lo oculté hasta mi último tarde en ese detestable colegio. Pero, por suerte, la vida siempre da revanchas. Y, en estos días, en que gozo por completo de mis libertades individuales, puedo gritar a medio mundo que, luego de Spinetta y Charly García, y junto a Cerati y Andrés Calamaro, me parece que Fito Páez es uno de los grandes artistas gauchos que más aprecio. Por este motivo, cada vez que este compositor presenta un nuevo álbum, lo disfruto hasta el cansancio auditivo y, además, lo celebró como la llegada de una nueva esperanza en una vida gris.

El disco que ha llegado a mis manos se titula No sé si es Buenos Aires o Madrid. Como algunos saben, no es un producto de estudio, sino la grabación en vivo de algunas de las piezas más destacables de Fito. Si hay algo que las liga, es la estética plasmada por la exigua cantidad de recursos instrumentales. Al igual que en el caso de su penúltimo trabajo, Rodolfo, en esta oportunidad hay canciones que son acompañadas únicamente por las armonías vibrantes de un piano de cola. Encuentro otra constante también, y es la respuesta enfebrecida del público. Cuando escucho un concierto semejante, concluyo lo siguiente: un buen cantante es aquel que despierta pasiones no con uno o dos hits, sino con decenas o, tal vez, centenas de canciones, que su fans disfrutan y conocen de manera parecida a los religiosos frente a sus oraciones místicas.

No sé si es Bueno Aires o Madrid abre bellamente con 11 y 6. El respetable aclama y Fito, con una voz limpia y sus teclas melodiosas, suelta: “En un café / se vieron por casualidad / cansados en el alma de tanto andar…”. Es la tierna historia de una pareja de niños que disfrutan del amor y la libertad de un modo conmovedor y poco ortodoxo. Más adelante se escucha su clásico El amor después del amor. Con una apertura inusual, Fito quiebra la melancolía del piano añadiéndole mucha más melancolía: “El amor después / del amor tal vez / se parezca a este rayo de sol…”. ¿Hay algo mejor que la experiencia del amor luego del amor? A mi parecer, y guiado por la lírica de esta canción, sólo sabemos en verdad del amor cuando se da luego de otro amor. ¿He usado demasiadas veces la palabra amor, no? Bueno, es que en los últimos días, por un mero afán dramatúrgico, le he dado vueltas a ese término tan inexplicable y, a la vez, hermoso que es el amor. Luego, la sorpresa del disco: Contigo, original de Joaquín Sabina, cantado por Fito y por aquel madrileño de ronca garganta y verbo afilado. Dice el estribillo: “Y morirme contigo si te matas / y matarme contigo si te mueres / porque el amor / cuando no muere mata / porque amores que matan / nunca mueren”. Enredado pero certero. Ese juego de palabras carga una verdad poética que he comprobado en más de una oportunidad. Con un piano de teclas alegres, Dar es dar es entonada por Fito como quien hace música en una cantina para beodos felices. “Dar es dar / y no marcar las cartas / simplemente dar”, dice Fito, y, de esta manera tan sencilla, pero profunda, aclama positivamente el desprendimiento en sus diversos matices. Y, para acabar, Mariposa Technicolor, en su enésima versión que, sin embargo, todavía fascina a los escuchas y a este triste comentarista.

Y bueno, ¿habrá todavía algún chiquillo que, por temor o vergüenza, no quiera dar a conocer sus gustos musicales? Espero que no. Porque, si hay algo que, de acuerdo con mi experiencia, brinda placer, es gritar a los cuatro vientos el gozo que nos proporcionan ciertas obras de arte. Esto es lo que me motiva, por ejemplo, a seguir escribiendo estos textos, y a chillar, sin miedo alguno, que SOY UN MELÓMANO QUE DISFRUTA DE FITO PÁEZ, como de tantos otros cantautores. He dicho.

Julio Meza Díaz

Gracias a You Tube:










viernes, 10 de octubre de 2008

Disco: Cumbia (2008)


Grupo: Bareto (Perú)

He puesto el disco Cumbia, de Bareto y, como si una fuerza animal naciera de mis entrañas, me pongo de pie y comienzo a bailar, entregado a la alegría de los sonidos de la selva y a una suerte de relectura de la psicodelia más sensual.

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Arrancaré mi crítica con una afirmación tajante: Bareto es una de las grandes revelaciones peruanas de lo que va de la década del 2000. Corriendo el riesgo de ser rechazados por su estética -pues en nuestro medio se privilegia demasiado la lírica y se menosprecia los grupos meramente sonoros-, emprendieron un proyecto que, en su primera etapa, demostró una influencia básicamente anglosajona. No obstante, en sus declaraciones a la prensa y en una pieza en particular -La calor-, ya daban visos de su interés por la música mestiza, es decir, el arte melódico del occidente más añejo recogido por nuestros pares, reelaborado y presentado con características propias, novedosas y mixtas.

Con Cumbia, su último disco, Bareto ha conseguido llevar muy lejos esta preocupación por los estilos selváticos y andinos tropicales. Sin lugar a dudas, el resultado final de su búsqueda ha sido deslumbrante: entre sus piezas, encontramos ritmos clásicos ejecutados con maestría; arreglos que echan mano tanto del saxofón huancaíno como de la guitarra más aguda y trepidante; golpes furiosos de batería que destacan en una atmósfera que, en su versión antigua, trataba de silenciar la violencia de este instrumento; y gritos felices que celebran, en cada clímax musical, la pasión de estar haciendo una armoniosa combinación de sonidos excitantes.

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Sigo bailando con un júbilo que no había sentido desde hacía mucho. No obstante, algo quiere detener mi goce: estoy sin pareja y, en esta clase de trances -actos dancísticos cercanos a lo orgiástico-, se requiere de una acompañante de naturaleza voluptuosa y arrebatadora. Sin dejar de moverme, tomo entonces el paquete de Cumbia y lo observo con minuciosidad. En los interiores, hay una reina que crece entre flores gigantescas, haciendo vibrar sus carnes generosas y batiendo su cabellera abundante hasta lograr la crispación del macho más inocente.

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Aunque todas las piezas de Cumbia son destacables, quiero señalar con especial énfasis el segmento dedicado a Juaneco y su combo. En Vacilando con ayahuasca, encuentro una guitarra que, tocada con un talento que sobresalta, empuja la pieza a un vértigo de locura. Ya se ha muerto mi abuela es más relajada, pero no por ello carece de detalles importantes: los vientos le insuflan una fuerza que hace trepidar los pies incluso a los duros como tabla. A continuación, en Mujer hilandera y A la fiesta de San Juan, la guitarra vuelve a ponerse de relieve: guían el ritmo a una velocidad que inquieta y alegra, que envuelve y somete de forma determinante. Un brillo aparte es el manejo de los coros: son de una potencia carnavalesca que contagia. Alejado por estilo del Juaneco y su combo, pero incluidos en un mismo género, Soy provinciano, original de Papá Chacalón, es una joya por su mezcolanza musical: con vientos andinos, y una percusión lindante al reggae, genera una ambiente melódico, tierno y relajado, que invita a la apreciación detenida de las notas y a la nostalgia del terruño dejado atrás. Llorando se fue, de los Kjarkas, es interpretado con una velocidad motivadora, dirigida por los vientos contundentes que, como si hablaran con radicalidad, parecen retar a los bailarines avezados a intentar perseguir su compás enfebrecido.

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Ahora no estoy solo: en un giro real maravilloso, la mujer del interior del disco se sacude con su cuerpo pegado al mío, sus caderas se bambolean con ánimo candente, y yo, que, a esta altura de las circunstancias, ya perdí mi característica timidez, entre gestos temblorosos y dubitativos, acerco una mano curiosa y toco eso que se estremece y palpita, esos bultos que me encandilan y que me atrapan y me sumergen en la loca pasión, al rito de la lujuria feliz y sin trabas. “Oh, mi selvática quimera”, pienso, entregado al movimiento puro.

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Por último, tengo que decir que Bareto no sólo ha conseguido un excelente disco. Con su eclecticismo profundo, ha vinculado a ciertos sectores representativos de la capital, Lima -como los estudiantes universitarios, los habitúes de Barranco y un puñado de seguidores de distinta procedencia-, con los círculos más lejanos de la sierra y la selva. Mestizaje, le dicen a este resultado. Y, en un país de tantas y tan diferentes sangres, hay que celebrarlo. ¿De qué manera? Pues escuchando el Cumbia de Bareto, y agitándose con los bamboleos de una selvática liberada. He ahí el mejor elogio para tan excelente disco. ¡Bareto, vamos a la fiesta de San Juan!
Julio Meza Díaz

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