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martes, 17 de febrero de 2009

Disco: No te salves (2008)


Solista: Pelo Madueño (Perú)

Entre otras, hay un tipo de crítica que detesto: la que exalta supuestos valores de una obra artística solo por la procedencia nacional de su autor. Regalar alabanzas al disco Play de Pedro Suárez Vértiz debido únicamente a que dicho cantante es peruano, por ejemplo, indica un hecho terrible: que el comentarista que ejecutó el texto de análisis es un chauvinista obtuso, pues ha preferido superponer el origen patriótico del ex líder de Arena Hash antes que el carácter estético del trabajo musical en cuestión (el cual, por cierto, es tan pobre y hasta estúpido, que invita al sueño por aburrimiento o al odio fanático contra el rock de las masas). De modo que, con esta advertencia de por medio, le señalo, querido lector / oyente, que las palabras que le dedicaré al último disco de Pelo Madueño (y las de los anteriores textos vertidas a las producciones de distintos compatriotas) no se guían por un impulso ciego a favor de mi bandera, sino por mi personalísima apreciación de los logros del señalado creador.

Pelo Madueño es inagotable. Cuando era muy joven, allá por los inicios de los 80, formó parte de la agrupación Narcosis, la cual se ha tornado con el paso del tiempo en un clásico del rock subterráneo peruano. En Narcosis le pegaba duro a la batería y, a causa de su peinado que desafiaba la ley de la gravedad, obtuvo el mote de “Pelo Parao”. Junto con Luis “Wicho” García (actual vocalista de Mar de Copas) y Fernando “Cachorro” Vial, ejecutó himnos punk que fueron la delicia rebelde de sus contemporáneos y que, aún ahora, se siguen coreando en reencuentros de la mentada banda. Posteriormente, ya en la década del 90, Pelo encabezó “La liga del sueño”, grupo que circulaba entre la onda pop, los guiños tropicales y las guitarras del rock más honesto. “La liga del sueño” editó tres discos, dos de los cuales obtuvieron una gran acogida, con videos transmitidos por MTV y singles rotando en las radios. A principios de esta década, Pelo emigró a España y, en dicho país, editó su primera placa como solista, Ciudad Naufragio, en la que, en la canción “Nuestro secreto”, compartió micrófono con Joaquín Sabina. Y ahora, en lo que a mi parecer es su fruto más cuajado, presenta al público “No te salves”.

“No te salves” es en definitiva un trabajo intimista. El que quiera encontrar hits bailables, livianas canciones de amor o meros jugueteos sonoros, pues le doy un consejo: apártese. “No te salves” es una puerta a la melancolía, a la contemplación de un espejo sincero y desgarrador. Su sonido, de una elegancia compleja, invita a la absorción de las líricas como si fueran remedios perversos que, en vez de sanar, agravaran las enfermedades del alma. “No te salves” es un lance a la desorientación, al caos de los sentimientos y las razones, para al final solo obtener la certeza dudosa de que nada se puede asir ni conservar, ni siquiera uno mismo.

Las canciones de “No te salves” tienen en su mayoría un mismo nivel, el que marca una excelente calidad. No obstante, hay algunas que sobresalen por su intensidad o por lo intrincado de su factura. Entre las primeras, señalo a “Amiga” y “Deportación”. Con una batería sencilla y un punteo de guitarra eléctrica, en “Amiga” la voz canta de modo confesional: “amiga, yo no te quiero mentir / quiero que lo sepas todo / que tengas muy claro lo que hay aquí / amiga, no tenemos que fingir / hemos dado muchas vueltas / estás muy clavada dentro de mí”. Es claro, pues, que en esta relación hay más que una simple amistad. Quizás el amor, quizás la pasión, o quizás ambos, son las causas de la ligazón de estos personajes, de los cuales el varón, en un momento de explosiva sinceridad, revela sus atravesados sentimientos. Acompañado de unas cuerdas acústicas, en “Deportación” la lírica señala: “en la oficina de Lucifer / sellan papeles / con aranceles / caí a tus pies / como un ciego fiel / que busca hondo / chulo y horondo / sin más coraje / ni equipaje / que la fuerza de este sol / sin más desidia / ni perfidia / busco la deportación”. Se trata un tema muy contemporáneo: los problemas de la emigración. Cualquiera podría señalar que es un asunto muy manido, pero Pelo no cae en el lugar común: evita el lenguaje de llana literalidad. A base de metáforas sencillas pero efectivas, narra las sensaciones de estar sujeto a la decisión de un ente superior y malvado, y la resignación y tristeza que implica un contexto semejante. Ahora bien, entre las canciones de intrincada compostura, se hallan las siguientes: “Es hora” y “Romántico y ninfómana”. Privilegiando los sonidos del bajo, y mezclándolo con la batería y coros elásticos, Pelo parece marcar un hito en su existencia, pues suelta lo siguiente: “es hora de avanzar un poco más / poner el punto cero en el final / trazar la ruta de la inmensidad / es hora de besarte sin parar / amarte con blanca profundidad / unirnos en un mantra natural”. ¿Se refiere a un borrón y cuenta nueva personal? Únicamente Pelo lo sabe. En “Romántico y ninfómana”, los teclados van construyendo una rara expectativa que, a manera de bombazos de luz, se resuelven con distorsiones de guitarra que invitan al desenfreno del cuerpo. La letra no puede estar más surcada de imágenes: “voy a entregarte el corazón / bajo una lluvia de aserrín / como el dolor / también desapareceré de aquí / eres las doce en mi reloj / vampira en Lima de abril / preciosa sabia amante / mi vida está junto a ti”. Con estos versos, que funcionan a manera de retratos poéticos, Pelo va construyendo la singular historia sentimental de un romántico y una ninfómana, los cuales conforman una pareja que, por lo menos en apariencia, llevan la carga de la atracción y la repulsión en un único vínculo.

Y bueno, estimado lector / oyente, ¿consideras acaso que los elogios a favor de Pelo Madueño se deben solo a la nacionalidad que comparte conmigo? Si tu respuesta es afirmativa, pues te diré lo siguiente: a mí no me alegra ni enorgullece que Pelo sea peruano (es más, no me interesa en absoluto ese detalle). Pero lo que sí me entusiasma y hasta me da una lección de vida es que él sea un artista comprometido con su arte, que haya trabajado incansablemente en el desarrollo de una estética y que, finalmente, haya alcanzado una meta mayor: la consecución de un producto musical muy destacable.
Julio Meza Díaz
Foto sacada de:

Gracias a You Tube:





jueves, 12 de febrero de 2009

Rafo Ráez –“Vico C y El General son gente que siempre he respetado”.

Rafo Ráez (Lima, 1968), quien en una canción sugiere a sus escuchas “no des esa entrevista”, se hizo de un tiempo libre y, pese a todos los pronósticos, me dio esta entrevista. Amigablemente, y sujetando una guitarra acústica, con la cual acompañó por momentos el intercambio de palabras, me respondió con prolijidad cada una de mis preguntas. El resultado: una extensa conversación en la que se recorre toda su trayectoria discográfica, se habla de música en español y en inglés, y se hace referencia a la poesía peruana contemporánea. Estimado lector / oyente, te invito a sumergirte en este diálogo con unos de los principales exponentes de rock en el Perú. Encontrarás más de una sorpresa.

Así como hay una formación sentimental para los escritores, en el caso de los músicos existe una formación musical. ¿Cuál es tu década de formación?
Los 70. Yo escucho músico ávidamente desde niño.

¿Qué edad tenías aproximadamente?
Cuatro o cinco años.

¿Qué escuchabas?
Beatles, Nino Bravo, Abba, Bee Gees, Salvatore Adamo, E.L.O. “Roller” de April Wine recuerdo que fue la primera cosa de rock fuerte que escuché. ¿Disco Club comenzó en los 70?

Yo no existía. No era ni espermatozoide.
Bueno, Gerardo Manuel dirigía el programa a los niños. De hecho su despedida era: “tomen toda su leche”. Y, efectivamente, éramos gente que tomábamos nuestra leche. Éramos escolares de primaria… Ah, escuchaba Paul McCartney; Wings, que era un grupo absolutamente setentero.

¿Y un grupo que en los 70 te marcó?
Paul McCartney, que era Wings. Aunque nunca quedaba claro si Paul era solista o participaba en un grupo. Recuerdo que en una navidad no quise un juguete –fuerte apache, creo–y opté por un disco, que es el primer disco que compré: Wings, Greatest Hits. Y lo compré por Mull of Kintyre, que es una de las cumbres del rock fusión folk en la historia de la música.

Entonces, Paul Mc Cartney fue tu músico de los 70.
En realidad lo que más escuchaba en la casa era música clásica, porque había una gran colección de ella. Yo no trataba de tocar guitarra. Quería tocar piano. Lo que intentaba ejecutar era música clásica. Mi acercamiento con la música popular fue Paul Mc Cartney.

¿Cuándo empiezas a tocar instrumentos?
El año exacto no lo recuerdo. Pero a mi hermano mayor le gustaba mucho Los Panchos. Y él tenía una guitarra acústica y un cancionero de Los Panchos –de la Editorial Toribio Anyarín Injante, que sacaba (y quizás sigue sacando) libritos de huaynos y cosas semejantes–. Entonces, le robaba su guitarra y su cancionero. Y así fue. Así fue como empecé.

Si los 70 fue tu década de formación musical, ¿en los 80 tenías claro que ibas a ser músico?

En los 80 me enteré que hubo en los 70 un montón de música que yo no había escuchado. Por ejemplo, Led Zepellin, Black Sabbath, The Who, Serú Girán, Pistols. Me dediqué, pues, a investigar los 70, que yo había vivido de forma distinta. También en los 80 se rescató el pop de vanguardia: Blondie, Devo, etc.

¿En los 80 estabas en secundaria?
Sí.

¿Y en qué momento haces tu primera banda de rock?
Mi primera banda –Ráez– la formé inmediatamente después de terminar el colegio. Era una banda setentera.

¿Sacaron algún disco?
No. Sucedía en aquel entonces que, como había terrorismo, la gente no salía de su barrio. Entonces, nosotros éramos como estrellas de rock de nuestro barrio. Las chicas gritaban desde el segundo concierto. El grupo era un éxito.

¿De qué barrio hablas?
Salamanca.

¿Eso en qué año fue?
Mi banda comenzó a tocar en enero del 86.

¿En aquel entonces conocías lo que hacían los subterráneos? ¿Sabías de Narcosis, Leusemia, Zcuela Cerrada, Voz Propia?
Yo conocía personalmente a Daniel F., porque hubo una invitación a todos los grupos de rock a utilizar con bastante libertad el teatro del Ministerio de Educación, que queda en el edificio que está frente al parque universitario. Y en esa reunión nos conocimos. Por ejemplo, había un grupo maravilloso llamado Salón Dada, que era el que más me gustaba. Los grupos de rock progresivo, como el mío, compartíamos espacio con los grupos subterráneos. La diferencia era que los grupos subterráneos eran lo nuevo, y nosotros éramos lo antiguo, como hippies fuera de tiempo.

Tú sacaste tu primer disco el año 96.
Antes hubo otros casetes. Una tocada en la noche y un demo que se llama “Si pudiéramos vivir”, que lo produjo Daniel F. y un poco Pancho Müller.

Tu primer disco, “Suicida de 16”, fue el mejor disco para la revista Caleta. ¿En ese momento ya tenías claro que te dedicarías a la música?

En los 70 era un oyente. En los 80 era un fan. Y en los 90 soy alguien con una propuesta., que era el matrimonio de la herencia hippie con la herencia punk. Cosa en la cual coincidía gente como Ronald de Actitud Frenética, que venía haciendo algo que sonaba a grunge desde el 88 prácticamente. Y tuvimos la suerte de que quienes proponíamos este matrimonio coincidimos con los grupos que siguieron a Pixies. Pixies impulsó algo que luego se convirtió en el grunge.

Acabas de afirmar que tu propuesta era un matrimonio de la herencia hippie con la punk. Sin embargo, tu primer disco tiene muchas referencias grunge. Incluso hay una canción dedicada a la muerte de Kurt Cobain. Incluso La Inocencia primaria del diablo es grunge.
“La inocencia primaria del diablo” es del 87–88, que haya sonado como de los 90 fue por las mismas razones que los discos de Pixies del 87–88 suenan muy 90 hasta ahora. Es decir, hubo una serie de gente a nivel mundial que tuvo las mismas influencias y, por ende, llegaron a resultados parecidos. Mira, Kurt Cobain nace 67. Yo nazco el 68. Kurt claramente junta folclore con punk. Y nosotros hacíamos lo mismo. En realidad, los más originales eran los Pixies. Cuando los escuchas, te dices: ¿estos qué diablos han escuchado antes? Y eso se debe a que el guitarrista es Filipino y etcétera. Es un grupo realmente raro.

Hay un detalle de los 90. Recuerdo que iba a fiestas de colegio en ese entonces, y todos bailábamos rock. Es más, bailábamos hasta Metallica. Cosa imposible en la actualidad. Por ello, a mí me parece que los 90 fue la década de la explosión del rock norteamericano en el Perú, que se le llamó rock alternativo. ¿Tú escuchabas rock alternativo?
Claro que sí. Era como que por fin había llegado la música que queríamos que llegara hacía rato.

¿Qué grupos escuchabas?

Nirvana, Blur, EMF.

¿Pearl Jam?
No, nunca me capturó. Te puedo mencionar a Sound Garden.

¿Escuchabas a los peruanos de los 90?
Escuchaba a Mojarras. Tuve la enorme de conocerlos antes de que se formaran. Cachuca tiene una garganta que parece una pierna. Es un cantante impresionante. Toda la época de Mojarras antes de su gira en Europa es una bendición haberla vivido.

¿Qué otros grupos escuchabas de los 90?
Las Romanzas de Daniel F.

¿La Raza?
No me gustaba.

¿Demente Común?
Me parece que no les gustaba el castellano.

¿Cementerio Club, que salió en un disco mediante la revista Caleta?
No, no. Recuerdo a Actitud Frenética, que, siempre es bueno repetirlo, es “quizás” el primer grupo grunge en el mundo.

¿Quién fue primero Pixies o Actitud Frenética?
Creo que Pixies. Pero no eran tan hippies. Por otra parte, Actitud Frenética pago un precio muy caro por defender la marihuana. Me parece que es el primer grupo post Velazco que habló de la marihuana, y que la razón que fueran dejados de lado es porque fueron los primeros que hablaron claramente sobre el tema.

¿Pelo Madueño con la Liga del Sueño?
“Por tierra” me parece un gran disco.

¿Mar de copas?
Lo que más me ha gustado de ellos ha sido el “Suna”.

Luego del “Suicida de 16”, sale “El Loco y la Sucia”, que es de finales de los 90. Da la sensación que el aire grunge se deja de lado.
Pero tiene bastante de grunge.

Tiene más de punk, creo. Recuerdo el punk de “Vampiro de la amistad” o “El punk del Loco y la sucia”.
Pero “Ella no tiene un proyecto” es bastante grunge. “Dios serpiente” también es grunge. Es como lo que luego hizo Foo Fighters. “Los Viejos verdes” es grunge. Vampiro de la amistad también lo siento grunge.

Yo no lo noto así.
Mira, lo que además tiene esa canción es fusión. Y fusión no es sólo mezclar tu folclor con lo de afuera, sino también mezclar dos cosas de afuera, como punk y grunge.

Hay algo de este disco que resalto. “Nada como una sonrisa tuya” fue una canción que era cortina musical de una miniserie. ¿Fue tu primer acercamiento con los medios masivos?
Sí, la miniserie era Cuchillo y Malú, que dirigió Aldo Salvini para Iguana Films. Y en realidad mi primer acercamiento con los medios masivos fue con “Celtar, en otra galaxia”. Ofelia Lazo, que se hizo muy famosa en los 60 con una telenovela llamada Natacha, en los 80 se decidió a hacer una obra de teatro para niños acerca de la ecología. Entonces, contrató a mi viejo, y él, que me veía todo el día con la guitarra, me contrató para hacer la música. Por cierto, mi viejo hizo la letra. Yo, antes de sacar mi primer disco, he sido músico por contrato en ese tipo de cosas.

Luego de “El Loco y la sucia”, viene el “Muéranse”. Recuerdo haber leído en la revista Caleta que ese disco era tu disco del cambio. Tu sonido en ese disco es distinto. Tienes influencia de Spinetta.
Mira, el que tiene influencia de Spinetta es Cerati. Y yo adoro a Cerati. Pero no he logrado simpatizar con Spinetta. Antes lo odiaba.

Pero los punteos de la primera canción del “Muéranse” son muy Spinetta.
Pero échale la culpa a Cerati. Mira, para mí “Bocanada” es uno de los mejores discos de la historia del rock.

En el Muéranse hay un rap. Es evidente, pues, que ya no tienes una influencia grunge.
Bueno, pero “Doctor Merengue” tiene la batería del comienzo con influencia rap. “Viejos verdes” tiene un rap clarísimo al medio. Ya había hecho cosas con rap. Es decir, música como la que hacía El General creo que nunca me molestó.

¿Vico C?
Lo he disfrutado.

Lisa M.
No conecté tanto con ella. Vico C y El General son gente que siempre he respetado, siempre he defendido. He toneado con ellos.

Hay una canción con aires de Bossa Nova en el Muéranse.
Yo estudié piano y no aprendí nada. Pero en la casa donde me enseñaban piano había una colección de Bossa Nova, de Chico Buarque. Y este se le asocia más al MPB, que es el movimiento de canción popular brasilera inmediatamente posterior al Bossa Nova.

En el “Muéranse” también hay punk. ¿Te desprendiste de la onda grunge en ese disco?
En ese disco hay una canción muy grunge que se llama “Vergüenza de existir”. Es una canción grunge con batería eléctrica, pero es grunge. Además, como un detalle de coincidencia generacional, Pepe Gallo, de Theremyn 4, que venía de ser el baterista de una banda grunge, comienza a usar en esa época la batería eléctrica. Claro, él es un baterista, que quiso lucir la batería. Yo, por el contrario, tengo preferencia con otros instrumentos.

Muéranse es del 2000. Luego viene el “Camisa”, que ya tiene otro sonido. Es decir, los de Caleta tuvieron razón: el “Muéranse” fue un disco de cambio. Por eso, el “Camisa” no se parece en nada al “Suicida de 16”. Ahora bien, el “Camisa” tiene canciones que respeto mucho. Por ejemplo, “Blas”, por el tema de la lectura y la infancia. U otra canción que, creo, debió convertirse en un himno generacional en el Perú, como “El Baile de los que sobran” de los Prisioneros en Chile. Me refiero a “El hombre que quería ser un árbol”.
Bueno, a su manera se ha hecho famosa.

Lo que sucede que esa canción, “El hombre que quería ser un árbol”, sale cuando el tiempo de Fujimori. En aquel entonces se había destruido la democracia, se logró botar a Fujimori, pero luego nació la pregunta: ¿qué iría a venir después? ¿Hay ese discurso tras esa canción?
“El hombre que quería ser un árbol” trata sobre la elección de echar raíces. Siempre nos dicen que nuestro pasado son nuestras raíces. Y yo lucho todos los días contra esa mentira. Nuestro pasado no son nuestras raíces. Las raíces son algo que está vivo, que tienen tanto futuro como las ramas. Las raíces verdaderamente sanas son las que siguen creciendo.

Lo que dices es, más o menos, lo que afirma Mariategui: él afirma que la tradición no es estática, sino que está en movimiento, en construcción. ¿Es a eso a lo que te refieres?
Prefiero usar la imagen del árbol, porque me permite hablar de lo subterráneo. Lo subterráneo son las raíces. Vemos el árbol, vemos las ramas. Pero el que quiera ver las raíces tendrá que matar al árbol. Y el que lo haga, jamás entenderá al árbol. Entonces, yo creo que la música tiene un matrimonio con lo invisible. Porque la música es un arte de lo sonoro, de lo no visible. Y creo que las cosas invisibles como las raíces, como lo subterráneo, tienen un matrimonio místico con la música.

En el “Camisa” hay una canción llamada “Amor concreto, amor abstracto”. Suena a grunge, pero a un grunge distinto al que hacías al principio.
Bueno, esa canción tiene mucha influencia de un grupo maravilloso de los 90 llamado Underworld, que es el grupo de música electrónica que más ha trabajado el tema de las letras y de la voz.

Aquí en Lima se hizo conocido por el tema “Born Slippy”, que era parte del soundtrack de Trainspotting.
Claro, “Amor concreto, amor abstracto” es un poco nuestra respuesta a Trainspotting.

El Camisa es del 2000. ¿Qué grupos escuchabas a inicios de esta década?
Bjork, Underworld, Blur, Cake, Cerati –el Bocanada–, Aterciopelados, Susana Baca, Coldplay, Manu Chao, Stereolab.

¿Grupos peruanos? ¿Turbopótamos?
Sí. He ido a sus primeros conciertos. Me gustaba más antes. En el “Camisa” hay una canción llamada “No profesional”, que es una respuesta al primer demo de Turbopótamos.

¿Bareto?
No he conectado con Bareto.

Cementerio club se consolidó el 2000.
Tampoco conecté con ellos. Por esa época nosotros adorábamos el disco de Metadona (la banda de Sandra Requena y Fernando Chirinos) “Pare de sufrir”.

¿Natasha Luna?

Su piano minimalista fue una influencia para el Chaski Changes.

¿Fucking Sombreros?
No

¿Catervas?
No. Es que a mí me gusta el castellano. Ellos no pronuncian claramente.

Su último disco es muy bueno. Te lo recomiendo.
Tienen un lindo video.

Pero sí pronuncian bien el castellano.
Bueno, ojalá.

Después del “Camisa”, viene el “Obsequio”. El sonido es otro. Es algo semejante al wordmusic. Se acerca a lo que hace Susana Baca o Rubén Blades en sus últimos discos.
El Obsequio supongo que tiene esas influencias brasileras que de niño me gustaban mucho. Tiene mucho de Chico Buarque. Yo adoro a Chico Buarque.

En el Obsequio es importante la música, pero lo que me parece más importante es el lenguaje. ¿Fue una preparación para lo que luego harías con Watanabe?
A José le gustaba más el “Camisa”.

¿Cómo percibes el “Obsequio” dentro de la línea de tus demás discos?
Yo lo percibo como el lado A del “Muéranse”, que es el lado B del “Obsequio”. El “Muéranse” es una cachetada a la riqueza. Y el “Obsequio” es una cachetada a la pobreza. Y creo que es importante que toda persona, por lo menos una vez en la vida, llegue a esos extremos. Porque el verdadero ser humano está más allá de la riqueza y la pobreza, son fronteras que debemos cruzar para conocernos de verdad.

¿Llegaste a tocar el “Obsequio” en vivo?
Solo una vez. Sucede que es carísimo. Necesita un familión de gente en escena. Y, hay que decirlo, gente muy talentosa. Porque, si bien es cierto yo soy el director o arquitecto, también tengo el gusto de ser influenciado por la gente con la que trabajo.

¿Nombres?
Por ejemplo, en el “Muéranse”, Óscar Reategui, que, creo, es una persona importante en lo que es el noise en el Perú. Y en el “Obsequio”, Mino Mele y Javier Lazo, que ha compuesto los singles de Susana Baca. Y la misma Susana, con la que, es un secreto a voces, formamos un taller en el que hacíamos cosas con el sonido. Y algún día se mostrará en CD lo que se hizo en ese taller, llamado “Oro Azúcar”. El “Obsequio”, pues, es un disco influido por ese taller.

Luego del Obsequio viene el disco con Watanabe. Hablemos de poesía peruana. ¿Cuáles son tus autores favoritos?
Oquendo de Amat, Luis Hernández, Watanabe. Y, en particular, si bien es cierto que no es considerado un poeta, a mí me mueve mucho Arguedas. Desde que conocí su obra, a finales de los 80, siempre me ha movido mucho. Y bueno, Vallejo, que es el papá de todos. Es omnipresente.

¿Cómo fue el trabajo con Watanabe? ¿Él tocaba el lado de la música? ¿Tú tocabas el lado de las letras?
Digamos que el 99% de la letra es de él. Y él me permitía tocar el resto. Igual sucedió con la música. Porque también era un taller, con preguntas, retos, pruebas y error. Pez de fango tiene once canciones, pero se hicieron como catorce.

Recuerdo del “Pez de fango” dos canciones que me gustan mucho. “Elefante”, que es una que me gusta mucho, porque en ella la lírica y la música encajan muy bien. Y “Junto a la reja de fierro”, que es una canción tristísima. Yo se la mandé a una ex enamorada y me funcionó.
Qué bueno. Para eso son las canciones. Lo que me has mencionado es muy importante, aparte de que es importante porque lo has vivido. Las preguntas que se hacía José y que me hacía a mí eran preguntas como la siguiente: ¿para qué sirve una canción? Y una canción sirve para que la gente se reconcilie. O para que la gente se insulte. Ahora que me dices que la canción ha sido útil, pienso que eso le haría feliz a José. Porque es precisamente el enfoque que José le daba a las canciones. Por lo menos no las enfocaba como canción bonita o fea.

O sea no era meramente esteticista.
No, él se preguntaba cómo engarzan las canciones con la vida de la gente. Por eso alguna vez he dicho que el disco se parece a una especie de película de jóvenes atrapados, prisioneros en la ciudad. Porque era el personaje que a él le preocupaba, que a él le dolía.

El sonido del disco “Pez de fango” ya es un sonido Rafo Ráez.
De hecho es el primer disco mío, cuya producción musical yo he dirigido. Esto de que los bajos sean más importantes que las guitarras, de que el castellano sea EL CASTELLANO, de las baterías complejas que pasan de un ritmo a otro ritmo narrativamente, de que a alto volumen te provoque bailar. Hay un montón de cosas deliberadas.

Luego del disco con Watanabe viene el “Chaski Changes”. No te vayas a ofender, pero, para mí, el “Chaski Changes” es un bajón. ¿Por qué te animaste a usar el piano? Es evidente que no lo dominas.
Mira, ¿Por qué la mayoría de los grupos festivaleros tienen el derecho de tocar la guitarra como un chancho y nadie va a tener de derecho de tocar el piano como un chancho? Qué tiene la guitarra que no tenga el piano.

Sucede que el rock es guitarra, batería. El piano se usa solo como anexo.
No, el rock es piano también, desde Little Richard. Había un tipo que se subía encima del piano y lo pisaba. La gente tiene la concha de tocar una guitarra mal, pero no quieren tocar un piano medianamente mal. Que se decidan: ¿son punks o no?

De acuerdo a mi perspectiva, en el “Chaski Changes” hay dos canciones en las que no utilizas piano y son, justamente, las buenas. Esas son “El caminerito”.
Eso es por Raúl Loza. Lo que hace en el Caminerito es muy encomiable. La canción es un sólo de batería de Raúl.

La otra canción es “2.6”.
Al final hay un teclado.

En las demás canciones quieres generar atmósferas, trabajar la parte vocal, pero no lo logras.

En realidad ese disco es la respuesta a todos los grupos que agarran la guitarra sin saber tocarla.

Pero si querías hacer una respuesta, ¿no crees que deberías haber agarrado el piano sabiéndolo tocar bien?
Yo toco la guitarra tan bien como ellos tocan la guitarra. Es sencillamente un asunto de costumbre.

Hay una canción que rescato entre las que tocas con piano: “Tus ex, mis ex”.
Es muy Susana Baca.

Creo que si todas las canciones hubieran llegado a esa cima, porque “Tus ex, mis ex” es una cima, el Chaski Change hubiera sido un buen disco. Pero parece que las demás canciones con piano son intentos fallidos o prácticas para llegar a “Tus ex, mis ex”.
Mira, ¿alguien había hecho una canción que diga lo que dice “Déjalo morir en casa”? Esa canción dice algo que ya era necesario que alguien lo dijera. A veces uno hace una canción para decir algo que es necesario decir. O sea, “Déjalo morir en casa” a mí me enorgullece. Yo sé que está tocada por un mal pianista que soy yo, pero es una canción que tenía que existir para que haya un poco más de equilibrio cósmico. Porque finalmente la música se trata de eso: de equilibrar situaciones. Es decir, cuántas canciones se están haciendo en este momento, con tres acordes de guitarra, que dicen exactamente lo mismo que ya han dicho antes setecientas canciones. Eso es lo que la industria nos ha enseñado a hacer: trazar setecientas veces la misma canción con el mismo acorde. Ese es un enfoque industrial. Ahora bien, un segundo argumento de defensa a favor del “Chaski Change” es el siguiente: asumiendo que es un disco menor en mi discografía, te puedo decir que los bocetos son una cosa, pero los abortos son otra cosa. Y hay bocetos que tienen que existir.

Me estás dando justificaciones teóricas…
Mira, en los 80, los grupos subterráneos, Salón Dadá, por ejemplo, no sonaban mejor que el “Chaski Changes”, pero decían algo que ya era hora que alguien lo dijera en esa Lima de aquel momento. El “Chaski Changes” es un disco que está muy dirigido a quien no conoce nada de mí.

Cuando se trabaja con literatura, la materia de trabajo es la palabra. Cuando se trabaja con canciones, la materia de trabajo es la música y la lírica, la fusión de ellas dos. Desde esa perspectiva, desde una perspectiva meramente estética, las canciones del “Chaski Changes” son malas. Lo que tú querías decir es rescatable. Pero la música es mala. Y la unión de ambos elementos da algo pésimo.
Mira, en la mañana, lo primero que he hecho al despertar es escuchar el “Chaski Change”. Pero ni siquiera te puedo decir que sea un disco malo. Sucede que en su momento me dijo cosas y me sigue diciendo cosas. Tal vez es un disco lleno de sugerencias. Y tal vez no es un cuadro terminado, sino un boceto. Pero estoy cien por ciento seguro que no es un aborto. Efectivamente, hay partes que se sienten más acabadas que otras. “Tus ex mis ex” tiene un acabado hasta comercial. O “Me suicide” es un single. ¿Pero realmente no vivimos en un mundo y en una ciudad en la que hay setecientas canciones, con los mismos acordes y con las mismas letras, hechas por setecientos grupos diferentes? ¿Y no están saliendo setecientos grupos más con esas mismas características? Frente a ese panorama, ¿no es “Chaski Changes” un disco que ya era hora que alguien lo hiciera? Además, cuando uno trabaja como músico contratado para publicidad o empresas ambiciosas, lo que se ve es que a ellos hay una parte del espíritu de la gente que les importa un comino. En ese sentido, “Chaski Changes” es un disco anti–comercial. La canción más pop del disco, “Me suicide”, tiene una letra anti–pop. La canción más alegre está en los bonus track. Pero, efectivamente, hay una nube negra sobre el disco. Y a todo el mundo le toca vivir alguna vez un período de nube negra.

Pero la prensa no trató mal al disco. En realidad no lo trató ni bien ni mal. Solo dijo que era el nuevo disco de Rafo Ráez. De repente la prensa no lo entendió.
Vamos a ver si el “Chaski Changes” sobrevive a la prueba del tiempo. Hasta ahora está sobreviviendo. Esperemos dos años más.

Luego del “Chaski Changes”, sacas otro disco el año pasado: “La reina pastrula”. En el que hay dos canciones que me gustan mucho. Pero entre ellas una sobresale: “Pueblo Jardinero”. Es una canción muy sencilla. Pero que construye una suerte de espiral que va creciendo. Y además tiene un lenguaje muy elaborado. “Pueblo jardinero” es como una instalación sonora: cuando la escuchas, ingresas a la canción. Creo que es la gran canción del disco.
Esa canción iba a darle el título al disco. “Pueblo jardinero” es una canción fácil de entender que tiene mucha información que los ricos se reservan y que se cuidan mucho que los pobres no la conozcan. Uno de los grandes secretos de los ricos es hacer creer que los pobres van a dejar de ser pobres por tener dinero. En este momento de mi vida, por mi edad y por lo que he viajado, ya tengo mundo, y puedo decir que una de las cosas que tienen todos los sistemas religiosos antiguos es que hay una relación entre el jardín y la buena vida. Lo tienen los musulmanes, los judíos, los chinos, los incas, las religiones africanas. En este momento de la historia es importante que todos esos puntos en común que tienen esos sistemas religiosos sean devueltos al pueblo. Toda esa filosofía no ha sido de élite. Han sido filosofías populares, que los pueblos han perdido, porque viven trabajando de sol a sol para conseguir dinero. En consecuencia, se están empobreciendo en todos los sentidos. Porque, finalmente, tomarte tu jugo de maracuyá en tu jardín seguirá siendo un momento de riqueza. Y esta es una cosa que los ricos se reservan. Por todo esto, la letra de la canción es muy larga. Porque todo este rollo solo podían ser dicho en símbolos. Sería un imbécil si lo canto literalmente. Es un rollo que nos ha sido enseñado en lenguajes antiguos, y debía ser cantado de esa manera. Es un rollo que está a mitad entre la trova medieval y la revelación bíblica.

Hay otra canción de “La reina pastrula” que me gusta mucho, y que se llama “Blanco y rojo”, y que habla sobre el Perú. ¿Cuál es tu relación con el Perú?
De amor–odio como todos. Por la edad, cuando uno ha viajado tanto por el Perú, te das cuenta que, como territorio, es algo muy entretenido. Es un territorio que te vuelve loco. Es decir, qué alucinantemente muchos países es este país.

Hay otra pieza: “Incendio”. ¿Es una suerte de remake de “Campo minado de corazones”?
No, es un huayno. Y ahí acaba el parentesco.

Pero ambas tienen también de Led Zepellin.
Claro, Jimmy Page es lo máximo. Él es el guitarrista que mejor mezcló folclore con rock.

Bueno, entonces ambas canciones tienen esos dos elementos.
Incendio es más punk. Campo minado de corazones es más hippie.

En mi blog, en la crítica a “La reina pastrula”, hay el comentario de un anónima que afirma que el título de tu disco hace apología a las drogas.
Que escuche la canción “La reina pastrula”. Esta se trata de una persona que ha sido destruida por las drogas. Ahora, la música es de cabaret.

¿Por qué ponerle “La reina pastrula” y no “Pueblo jardinero”?

Porque es un disco de rock. Un disco urbano. Pueblo jardinero suena muy rural. Si bien es cierto yo creo en las plantas, vivo en la ciudad. Soy de la ciudad. Y, además, decir “La reina pastrula” automáticamente te sitúa en Lima–Perú hoy. No te ubica ni en los 90 ni en el futuro. Es lo que vemos en estos momentos.

Una pregunta rápida para concluir. Dime, ¿Daniel F. o Gianmarco?
Qué malvada pregunta. No hay punto de comparación.

Pero ambos representan a un espacio amplio dentro de la música. Y ambos, a su manera, son buenos en lo que hacen.
Es cierto, ambos, a su modo, son buenos en lo que hacen. Pero una canción como la “Karakola Subterránea” tiene una complejidad y una belleza que merece un mejor destino.

¿Y Gianmarco?
Tiene la disciplina del pop. Tal vez lo único que le falta es bailar. Es decir, el pop es pop. Y si estás jugando con el pop…

Pero Gianmarco no se vende como artífice de pop. Él se vende como trovador. Quiere ser una suerte de Joaquín Sabina.
Pues se está pareciendo más a Chayanne que a Joaquín Sabina. Y, por si acaso, no es fácil lo que ha hecho Chayanne. Me parece que hace cuatro horas de ejercicio diario. Yo respeto mucho el sudor. Quien la suda no la roba. Yo soy un flacuchento por elección. Nadie me ha prohibido ser fortachón. Es decir, los que han decidido ser fortachones, pues merecen mi respeto. Yo no lo haría, pero qué bien que alguien lo quiera hacer.

Volviendo a Gianmarco, has dicho que a él le falta bailar.
Te lo diré de la forma más amorosa posible. Creo que él disfrutaría más de la vida si, aunque sea en privado, bailara un poco más. Varios de sus temas tienen ritmo funky. Y es una verdad universal que el dios del funky bendice a quienes bailan. No lo digo con mala fe.

Bueno, esto sería todo. Gracias, Rafo.
Gracias a ti.

Y, estimado lector / oyente, espero que hayas disfrutado de este diálogo con Rafo Ráez y que, si desconocías algunas de sus canciones que hemos mencionado, vayas corriendo a una discotienda a conseguir los trabajos de este excelente cantautor. Finalmente, solo hay algo mejor que informarse sobre un artista, y eso es disfrutar de su arte. ¡Hasta la próxima!
Julio Meza
Imagen: carátula de La Reina Pastrula
Cortesía de Rafo Ráez
Gracias a la amabilidad de Rafo Ráez,
los herederos del gran poeta José Watanabe,
la banda Los Paranoias y la disquera que trabaja
con el mismo Rafo, pongo a disposición de usted,
querido lector / oyente, las siguientes canciones:
"Blas" del disco Camisa
"Déjalo morir en casa", "Me suicide" y "El caminerito"
del disco Chaski Changes
Y "El sueño de tu muchacho", del disco Pez de Fango

viernes, 23 de enero de 2009

Natasha Luna - “Melcochita siempre me ha caído bien, y creo que es un buen ejemplo de mis gustos extremos”.



La contacté por correo electrónico. Ella ahora se encuentra en Francia, haciendo una maestría en Filosofía, rama de las humanidades en la que se especializó en la Universidad Católica del Perú. Para quienes no la ubican, pues se las presentaré de forma muy sencilla: es la cantautora peruana más interesante de la generación del 2000. Con dos discos a cuestas -Emilio (2005) y N (2008)-, ha construido un mundo muy particular, lleno de oscuridades y sonidos góticos que generan atmósferas de tensión y angustia. Como ella misma afirma, quizás su propósito es hacer “un Blade Runner en la época medieval”.
No puedo dejar de señalar que yo la conocí previamente a esta entrevista. Claro que nunca había conversado con ella. Solo la veía pasar apurada por el campus de la Católica, llevando una mochila pequeña y un gesto de fragilidad que me conmovía y hasta gustaba. Alguna vez pregunté por ella a una amiga de su facultad, y me dijo lo de siempre: “es buena gente y empeñosa con sus estudios”. Al poco tiempo, Natasha sacó a la luz su primer disco, y mi sorpresa fue tremenda: ella, con una humanidad tan frágil, había pergeñado un mundo de estremecedoras sombras y finezas de horror.
Iniciamos la entrevista con algunas palabras amables, a través de las posibilidades comunicativas del messenger. Como verán más adelante, Natasha esconde más de una sorpresa y, pese a las ideas que muchos tienen de ella, no solo disfruta de las complejidades de las tinieblas, sino también de algunas manifestaciones culturales más pedestres. Por ejemplo, de Melcochita, cómico afroperuano de gran popularidad entre las más numerosas masas.
Como diría mi hermano menor, arranquemos por el principio.Ja, ja, ja

¿Cuáles son las primeras piezas musicales que recuerdas de tu infancia?Me cuentan, y me acuerdo algo de ello, que "cantaba" y "tocaba" con una raqueta de tennis, "We're not gonna take it" de The twisted sister. Esa siempre es una anécdota en la familia.

Mira, qué buen gusto.
Luego, recuerdo mucho Thriller de Michael Jackson. Teníamos en BETAMAX toda la realización del vídeo. Era muy niña, pero me encantaba verlo una y otra vez, y completo (quizá ahí comience mi amor por el cine y su proceso). Y claro, me gustaba la canción misma. Hasta ahora valoro la precisión del baile, la música, la idea.

Dime, ¿Michael jackson y The twisted sister llegaron a tus oídos por la radio o por la influencia de algún familiar?
Michael Jackson es algo que estaba en casa. Además del vídeo teníamos algún vinilo de él. Lo de Twister Sister debió de ser por la tele. Pero eso es en verdad mi niñez. Entre mi niñez y mi adolescencia, la cosa va cambiando, y ahí sí, la influencia de mi hermano mayor es importante.

Un hermano mayor. ¿Cuántos años te lleva?Mi hermano me lleva 10 años. Soy la menor, tengo otras 3 hermanas. Y, en general, en la familia, soy la menor de los primos. Así que yo creo que he recibido influencias de todos. Escuchaba desde The Beatles hasta Beethoven.

¿Solo de rock y música académica?A ver: música académica, algo de música popular (son cubano, folklórico andino), rock (varios). Y a partir de los 10 o antes, música como The Smiths. Recuerdo haber hecho una exposición sobre Morrissey en 3ro de media.

¿Eso fue en los 90?Sí. Mi hermano trajo todas esas cosas a casa. Así que al Moz lo tengo desde épocas muy influenciables.
¿Tu hermano qué otros grupos te hizo escuchar?Smiths, Smashing Pumpkins, Radiohead, REM, los Prisioneros (y me da mucha risa mencionar a estos últimos porque, salvo Corazones, musicalmente son terribles). Y bueno, mucha música alternativa en general de grupos que fueron one hit wonders, y de los cuales ya ni recuerdo sus nombres.



Eso fueron los inicios de los 90...Sí, inicios de los 90. Ahí es cuando la música entra en mí con fuerza, no solo como distracción que atrae a todos, sino como algo mío.

¿Escuchaste también a los ingleses?Aparte de Smiths; Happy Mondays, James, Sex Pistols, Clash, Joy Division. Sucedía que yo rebuscaba entre las cosas de mi hermano. Pero él lo que nos mostró a todos, repetidamente y hasta el cansancio, fue The Smiths. Ah, y un documental sobre Sex Pistols.

¿Escuchabas también rock de los 60 y 70?Casi nada.

¿Ni Pink Floyd?Eso lo escuché mucho después.

¿O sea tú conociste a Sex Pistols antes que a los Floyd?Sí, y eso dice mucho. Pistols antes que Floyd; Smiths antes que Deep Purple; James antes que Grand Funk, etc.

Yo recuerdo que en los 90, a mediados y finales, cuando iba a las fiestas de los colegios, sonaba solo rock, y las chicas y chicos bailaban hasta Metallica. ¿Tuviste la misma experiencia?Claro, a mí los 90 me parecen una buena época. No celebro los 80 como tanta gente, y ciertamente menos lo que viene ahora.

Musicalmente, claroPor mi cuenta busqué Soundgarden, Stone Temple Pilots, y no me cansaba de escucharlos.

Es raro que no menciones a NirvanaJa, ja, ja. Es que está ahí siempre.

¿Te sigue gustando Nirvana?Es una influencia para todos los de esa época, y sí me sigue gustando. Hay épocas en las que vuelvo a escucharlos. Personalmente me ha influenciado mucho el grunge. Dónde puede verse eso en lo que hago, no sé.

Eran los 90. La segunda década del rock subterráneo peruano. Aparecieron los Dolores Delirio, Rafo Ráez, etc. ¿Los escuchabas?No. Escuché algo de Dolores Delirio, pero nada más. Hasta ahora, por alguna razón, no escucho lo que se hace en el Perú.

Eso explica de alguna forma tu insularidad.Bueno, he escuchado también a Mar de Copas, pero hasta ahora me parece incomprensible.

¿Incomprensible o insoportable?Insoportable, uno. E incomprensible que tengan el impacto que tienen. Incluso con una canción reciente que salió en una película. No sé cómo se llama. Pero tiene una música y una letra que me parecen terribles. De hecho han realizado mejores cosas. Eso se nota.

Yo he prestado mucha atención tu música, y le he buscado referentes previos en el Perú. Y bueno, quizás algo de Voz Propia tenga alguna vinculación contigo.Me han dicho lo de Voz propia, pero no los he escuchado. Hay gente que me dice que no debería decir esas cosas. Uno porque pueden tomarlo a mal, y dos porque se supone que debería conocer más de música porque hago música. Pero no veo la relación NECESARIA.

Entiendo lo que dices. No hay una relación necesaria. Cada quien se forma una propia tradición en las artes que practica. Pero comprende que como crítico o como pseudo crítico trato de darle algo de lógica a la construcción histórica del rock en el Perú. De modo que, por lo menos teóricamente, quiero creer que los músicos peruanos se escuchan entre si.Ok, pero es que una persona no se forma a partir de una necesidad de lógica en un proceso histórico. Yo tengo muchas influencias musicales de afuera, pero más importante aún es que me he criado en el Perú, en Lima, para ser más específicos. Y no es que uno saque todo lo musical desde una parte del cerebro solo relacionado con la música, sino de todos lados. En ese sentido, lo mío, creo, siempre será rock peruano porque mi identidad se ha forjado en Lima, en una época en que ya se estaba globalizando, y en medio de un ambiente (el mío) que más jalaba hacia la música británica y americana.

Ok. Un detalle o una curiosidad: ¿estás escuchando algo ahorita?En este momento, no, pero pensaba poner algo porque las preguntas me ponen nerviosa. Pensaba poner Mahler.

Asu, qué triste.Hace dos semanas escucho obsesivamente a Mahler.

Si yo hiciera lo mismo, terminaría con un tiro en la cabeza. En fin, yo estoy escuchando el Abbey road de los Beatles.¡Qué buen disco! O sea, de hecho lo es y todos lo saben, pero yo le tengo un cariño particular.

Yo también, porque es el primer disco de rock que escuché. Bueno, los 90. Me imagino, calculo que acabaste el colegio a finales de los 90. ¿Me equivoco?Hice el bachillerato, así que acabé a los 17... Eso fue en 1998.

Era la época de Fujimori y la technocumbia.Cierto.

¿Rescataste algo de ese tipo de música masiva?No, no rescaté nada porque estaba hecho de la forma más barata, sin amor a nada, y se nota, se nota en el mal sonido, se nota en la exageración, se nota en todo.

Bueno, a mi me gustaba algunos punteos de Tito Mauri, el compositor, guitarrista y esposo de Rosy War.Suelo tardarme en apreciar esas cosas. Yo rechazo todo, cuando lo rechazo, como si fuera comida. Es decir, si no te gusta algo, simplemente lo rechazas completamente.

Y además me inquietaba que alguien llamada Rosa Guerra se autodenominara Rosy War.No sabía eso del nombre. Ja, ja, ja. Pero bueno, aquellos punteos que mencionaste no me gustan, porque ese sonido que le dan a la guitarra nunca me ha gustado.

¿Ni el da la cumbia selvática de los 60 y 70, que, por cierto, es casi el mismo sonido al de Rosy War?Cambian las cosas por el toque y por los arreglos que lo acompañan. Pero igual... Es decir, hay muchos detalles del metal que me gustan, pero hay un tipo de sonido de punteo de guitarra que me parece insoportable. Claro que este gusto es personal.

¿O sea no te gusta Juaneco ni Bareto?Ah, espera, el que un punteo no me guste no dice que no me guste el todo.

Es que hace un momento me dijiste que si algo no te gustaba lo rechazabas del todo.Claro, en un comienzo. Por eso hice referencia a la comida.

Exacto. Y me dijiste que no te gustaba la technocumbia. Luego que tampoco la música cumbia de los 60 y 70. Y bueno, lo lógico es inferir que no te gusta Juaneco ni Bareto.No escucho cumbia. Y la technocumbia nunca me gustó. La cumbia no me jala, pero no me parece insoportable. Ahora, sobre Bareto, no los he escuchado. Y no tengo nada contra ellos porque conozco a Joaquín desde el colegio, y es un muy buen tipo.

Bueno, Bareto hace, entre otras cosas, covers de Juaneco.Sí sé lo que hacen, he escuchado pedazos, pero nada como para opinar.

Volvamos a la década de los 90. ¿Fueron tus inicios en la universidad?No, porque me dediqué durante un año y medio a la nada.

Pero incluso en esos momentos uno tiene su soundtrack. ¿Cuál era el tuyo?No recuerdo que haya cambiado mucho. Llevaba siempre un walkman con los mismos temas de siempre. Soy una persona que no se cansa de escuchar lo mismo, y por eso no soy melómana en el sentido de conocer e investigar cosas nuevas. Una vez me preguntaron: oye y que estás escuchando ahora, y dije el Sticky Fingers de los Stones, porque había vuelto a eso.

Ok. Pero en el 2000 seguiste escuchando lo mismo. ¿O sea en la universidad no hubo un giro, una vuelta de tuerca?No recuerdo algún cambio en particular, más amor le tengo al cine, y de hecho lo considero la mayor influencia en mi vida: musical, visual, intelectualmente (esto último con la filosofía).

Ok. ¿Pusiste a Mahler?
No. Nada.

Yo estoy escuchando el Cumbia de Bareto.Cuando regrese al Perú me lo compro.

A mí me gusta mucho Bareto. Los sigo desde su primer disco.Ese no lo escuché por falta de curiosidad, pero me enteré de buenas críticas de todos lados.

Es que son muy buenos. Y han logrado algo muy interesante, algo extramusical. Han llevado música considerada hasta hace algunos años perteneciente a determinada clase social y económica a una suerte de explosión masiva. Es más, estoy seguro que el Grupo 5 toca covers de Juaneco, porque Bareto los ha hecho.Eso me parece bueno, y me parece INJUSTO las acusaciones que afirman que se están aprovechando de la música de otro que vendieron menos.

Es cierto... Y hay un detalle más, un detalle que también los hace especiales a los Bareto: siempre llevan una bailarina muy guapa a sus conciertos.Ja, ja, ja.

¿Pero bueno... como así, escuchando solo a los ingleses y los gringos de los 80 y 90, te salió un álbum tan oscuro como el Emilio?Sabes, el cerebro es tan extraño que yo creo que esa parte de Thriller en la que hay un "paréntesis" y la música se pone más oscura, y salen los muertos de la tumba, mi cerebro la guardó para siempre.

Ja, ja, ja. Michael Jackson se sentiría muy orgulloso por originar una influencia muy particular.Ese “paréntesis” es un dark bien pop. Y no tengo prejuicios que me impidan señalar esa influencia.

Eso me suena más simpático que decir aquello de rechazar el todo de un conjunto por la apreciación de algunas partes.Claro, en el caso de la cumbia, no es un rechazo, es solo falta de afinidad, y esas cosas están más allá de uno.

Mira, te preguntaré algo que sonará raro. ¿Conoces a Melcochita, no?Claro.

¿Sabías q escribe Haikus?
No, pero no me sorprende. Melcochita es inagotable y lo aprecio mucho, aunque de su música sé poco. Tengo conocimiento que es un buen músico, o eso dicen.

Claro, pero el detalle es el siguiente. Mucha gente, digamos que “culta”, afirma que Melcochita es un vulgar, un bruto, un racista y etc... Pero mira, tiene su lado sensible: escribe Haikus. Claro que digamos que no llega a la iluminación al modo de los orientales, pero los hace...La sensibilidad se forma de muchos lados, mira a Toulouse Lautrec y de dónde se alimentó para su arte, de todo ello que la gente considera vulgar. Ahora bien, estas personas no saben diferenciar. Hay mucha gente que solo escucha Jazz y música académica porque con el tiempo así se lo ha impuesto, pero muchas tienen poca sensibilidad o inteligencia.

Es cierto... Te paso, pues, un Haiku de Melcochita. Ahí va: Un negro ansioso / Tu mama calata / No te digo más... O sea, reproduce la lógica del humor de Melcochita, pero es un Haiku al fin y al cabo, y hasta muy superior a los que a veces hacen algunos poetas peruanos.
Ja, ja, ja. Claro.

Pero vayamos al tema de lo oscuro. A tu música en sí... Para mí tu primer y segundo disco son una invitación a las tinieblas, a la angustia, a arrojarse a un vacío de vértigo. Es más, hay momentos en que la voz le canta a otra persona, pero ese otro parece una presencia metafísica. Dime, ¿hubo una necesidad expresiva o una lógica de arquitecto del arte? ¿Hubo más impulso que técnica? ¿Hubo demonios o solo generación de atmósferas?Son las dos cosas. Mi forma de pensar es la del soliloquio, y en el soliloquio la otra persona, porque siempre hay alguien más, soy yo. Creo también que las atmósferas ya están. Por eso considero que el cine es una gran influencia en mi música. Mi música es como música de una escena. Vivo en esos mundos de castillos, fantasmas, poca luz, temor. Un Blade Runner en la época medieval.

Eso sonó muy bien.Por cierto, recién caigo en la cuenta (hace unas semanas) que Harrison Ford ha sido parte de tres películas, diferentes sí, pero importantísimas, y no tiene que hacer más.

Has mencionado dos veces el cine... ¿Quizás te gusta el cine alemán de inicios del siglo 20?¿Cómo Fritz Lang?

Claro.Bueno, esa es la inspiración para la portada. En lugar de la M, N. Es como si alguien me buscara y me quisiera marcar, yo soy la del crimen, y yo me marqué a mí misma. Otra vez en el segundo disco me hablo a mí.

Mira, quizás mi humor corroe algunas cosas que son mas o menos serias. Pero en un principio pensé que esa N era en realidad una Z, y era la del Zorro.Ja, ja, ja.

Lo siento. Pero así he visto tu carátula.Pues a mí siempre me gustó la idea de la Z del zorro. Y no hay problema, algo de humor tiene que haber.

Claro...Por eso yo misma busco quitarle la seriedad a mis cosas. Es la influencia limeña. Lima se me ha metido por todos lados, porque es donde crecí.

Pero yo no le veo nada de humor a tu música.Lo sé, pero cuando me ven como muy seria, yo trato de quitarle eso, porque luego, las cosas que dicen sobre mí, no las reconozco tanto.

Escuchar el Emilio y luego N como que da la sensación de que eres una persona que vive afligida, ansiosa, y tiene en su refrigeradora palomas y gatos muertos, y los toma con las uñas y se los come sin cocinar.Ese es mi imaginario, sí, pero las cosas son más hermosas y más complejas. Yo creo que si fuera esa persona, no haría lo que hago COMO lo hago.

Claro. Hay algo que me atrae mucho de tus discos: las liricas. ¿Te gustan los franceses del 19, no?Uf. No sé si me gustan o me obligaron. Estudié en el Franco Peruano, y el 19 entró por todos lados. Era más importante que todo. Los franceses se quieren mucho, eso es clarísimo, y vivir y alimentar a los otros de su literatura es casi su deber. Ciertamente Baudelaire es clave. Sus esqueletos, sus muertos, su desprecio, pero también su amor.

¿Pero has leído a los peruanos también?
Vallejo, claro, y lo voy a visitar a veces, y le hablo. Eielson de todas maneras. Adán.

¿Y de los peruanos vivos?Pues me gusta mucho lo que hace Romy Sordómez. Yo no tenía mayor interés en leer la poesía actual, y me di con su plaqueta. Algo me llevó a darle tiempo, y me enamoré de ella, y luego la conocí, y me gustó cómo es ella también, tan fuera de la seriedad y la solemnidad de nuestros literatos y poetas jóvenes.

Es cierto... Y bueno, ahora conoces a otro poeta contemporáneo: Melcochita.Ja, ja, ja. Claro. Melcochita siempre me ha caído bien, y creo que es un buen ejemplo de mis gustos extremos.

Mira pues...ese será el título de la entrevista: Melcochita siempre me ha caído bien, y creo que es un buen ejemplo de mis gustos extremos.Aprecio a Melcochita, y aprecio a Martha Hildebrandt.

Yo a Martha no la aprecio mucho.Casi nadie.

Claro...Pero yo sí.

En mi caso, aprecio a Melcochita y a Denegri, que al fin al cabo son casi lo mismo.Yo era fan de Denegri en mi adolescencia. Me veía todos los programas, pero luego le fui perdiendo el gusto. Es repetitivo y muy dogmático.

Dime, ¿te gusta la narrativa?
Sí, la filosofía me ha absorbido demasiado, pero he vuelto a la literatura leyendo a Orhan Pamuk. Es decir, siempre está, pero he vuelto con otro interés a ella.

¿Alguna preferencia por algún peruano?Vargas Llosa por encima de todos, es el monstruo que es porque es un monstruo.

Pero más allá de dios, entre los mortales, ¿tienes alguna preferencia?Arguedas, Ciro Alegría. Recuerdo haber disfrutado mucho Los perros hambrientos. Depende también de cuándo llega un libro.

¿Y algo de las generaciones más recientes?Tengo que admitir que sé poco, porque fue ahí cuando la literatura se me perdió.

No te preocupes. No te estoy tomando un examen de conocimiento. Solo te pregunto por cosas que también me interesan un poco a mí.
Ja, ja, ja. Pasa un poco como con la música: leo lo clásico, y lo nuevo tiene de verdad que jalarme para que vaya hacia ello y le dé tiempo.

Entiendo. ¿Y del cine peruano?
Uy, ahí sí poco cariño.

¿Algo es rescatable para ti?
Lo que recuerdo con buenos ojos es La Boca del lobo. Y de lo actual Madeinusa. Recuerdo.... mmm... no sé si se llama Espejismo.

¿De quien?
Eso jugó una gran influencia en mí. El desierto y la voz que decía: quién es el hombre que corre.
Creo que te refieres a una película de Robles Godoy. Y tienes razón. La película se llama Espejismo.
Esa. Ese tipo de silencios y de vacíos creo que están en mí.

Como el momento oscuro de la canción de Michael Jackson...
Ja, ja, ja, sí. Son cosas precisas, claves, singulares, un pedazo de algo de pronto es más fuerte que el todo... Aunque algo que como un todo me enamoró fue Anna Karenina, y por eso creo que es la mejor novela que he leído.

¿Y Madame Bovary?
También, pero menos. Nada como Anna Karenina.
¿Eres una Anna Karenina?No.

¿Te gustaría serlo?
Tampoco. Me gusta ella siendo ella.
Me refiero por su búsqueda de libertad, de plenitud.Es diferente, ella no la tenía, ni tampoco Madame Bovary.

Pero la buscaban, iban detrás.Es una búsqueda cuyo sentido se explica mucho por la situación en la que están.

Ok. Espero no haberte aburrido ni agobiado.No.

Gracias por tu tiempo.De nada.

Y disculpa mis tonterías.Pues no recuerdo ninguna.

Mencionar a melcochita, la z del zorro.Al contrario, me parece bien que no todo sea gravedad. Esto último me hubiera agobiado.

Ok. Entonces le damos fin a la entrevista.
Ok.

Adiós.Adiós.

Y bueno, esta fue la conversación con Natasha Luna, quien me sorprendió con su especial sentido del humor, su pasión por la poesía y el cine, y su conocimiento de la música rock de los 80 y 90. Para terminar quiero agregar algo a manera reflexión: algunos artistas son más complejos y profundos que el estereotipo en el que los encerramos equivocadamente. Si quieren comprobar esto, pues fíjense en Natasha y en su aprecio por Melcochita. ¡No vayan!

Julio Meza
Autor de la foto: José Orihuela
Foto sacada de:
http://secretarianarkista.blogspot.com/2007/01/luna.html


Algunas canciones gracias a You Tube:





domingo, 28 de diciembre de 2008

Rock en español, 2008. Algunas listas.



Sí, lo sé, el dibujo que encabeza este post es horrible y delata mi nulo talento para la combinación de colores. Pero, ¡demonios!, sentí que algo debía poner a manera de gráfico y no se me ocurrió mejor idea que usar el paint y perpetrar semejante marranada visual. En fin.

Bueno, este año, en lo concerniente al rock en español, nos ha regalado algunos discos inolvidables y otros, no muchos, para el olvido. Me hubiera gustado reseñar cada uno de los trabajos sonoros que pasaron por mis manos (y orejas), pero, debido a la falta de tiempo, la vaguería, el poco entusiasmo y un largo etcétera, no lo he realizado. Sin embargo, prometo que el 2009 procuraré estar a la altura de las circunstancias, e intentaré darle una que otra palabra a las producciones que se lo merezcan.

En primer lugar, quiero hablar sobre el rock de mi país, el Perú. En medio de una lluvia de publicaciones discográficas, en las que a veces destaca más el entusiasmo que el talento, ha habido tres discos que me llamaron mucho la atención. Y son los siguientes:

La Reina Pastrula - Rafo Ráez
Ya lo comenté, de modo que no diré mucho al respecto. Es un gran disco. Uno de los mejores que ha hecho Rafo. Escucharlo es casi tan obligatorio para el melómano como fumar una buena hierba para el drogadicto.

No te salves - Pelo Madueño
Yo no le tenía mucha fe a Pelo. Aunque en la liga del sueño hizo canciones destacables, sus discos eran demasiado irregulares. Su primera producción en solitario me pareció mediocre. De modo que pensé que Madueño solo sería recordado por su participación en Narcosis. Pero, ¡caray!, me equivoqué. No te salves es un buen trabajo. Con unas atmósferas intimistas, Pelo ha hecho piezas maravillosas. Espero que No te salves sea el primer ladrillo en la construcción de una obra solida y atractiva.

Hoy más que ayer – Catervas
Aunque ha pasado un poco desapercibido por los medios, Hoy más que ayer es un disco que merece una gran difusión, pues goza de una calidad altísima. Me sorprende mucho que, pese a la juventud de los músicos de Catervas, estos sean capaces de trazar líricas de temática adolescente pero con melodías muy bien trabajadas y, sobre todo, de una mesura o suave relajo que invita a la contemplación.

Aunque no es precisamente rock, también deseo indicar la excelente labor de Bareto en su disco Cumbia, el que, por cierto, ha sido objeto de una crítica positiva en este blog.

Ahora bien, en lo que respecta a lo hecho en otras latitudes donde se habla el español, señalaré que hay países que tienen una gran actividad rockera, que, por ese motivo, han originado discos de considerable calidad. Entres esas naciones, tenemos a Argentina, México y España. Lamentablemente, hasta hace muy poco, no había mucho intercambio de experiencias y trabajos entre los grupos rockeros de esos lugares. No obstante, gracias a los blogs, de los cuales se puede bajar todo tipo de discos, los latinoamaericanos y españoles nos estamos escuchando (y conociendo) con mayor facilidad. Y esto es una buena noticia.
Bueno, a continuación, sin ningún orden de jerarquía, enumero los discos extranjeros que me parecen los más importantes de este año que se va:

Reptilectric – Zoé

Ronroneando - Señor Chinarro

El manifiesto desastre - Nacho Vegas

Solar Extendido – Moenia

Un mañana - Luis Alberto Spineta

La luz del ritmo - Los Fabulosos Cadillacs

Humo y espejos - La monja enana

Unplugged - Julieta Venegas

45 – Jaguares

No sé si es Buenos Aires o Madrid - Fito Páez

Macho de monte suit – Cienfue

Tu labio superior - Christina Rosenvinge

Babasónicos – Mucho

Río folder - Aterciopelados

Airbag - Alto disco

Espero que, si las cosas salen bien, pueda escribir en los meses siguientes algunas frases sobre estos trabajos, los que, unos más que otros, recomiendo como objetos de placer auditivo.

Ahora bien, en lo que respecta a publicaciones escritas (tanto en formato convencional como en modo digital) relacionadas al rock, creo que han sobresalido estas que indico:

69
Excelente revista peruana que exhibe plumas en verdad talentosas. Algunos de sus textos no sólo están bien escritos, sino que incluso son joyas literarias. Otro detalle interesante: hay un humor socarrón que la atraviesa y la sazona hasta hacerla exquisita.

Freak out
Aunque no me dejaron escribir en esta revista -cosa que me generó cierto malestar que apagué con cerveza y rock-, respeto su calidad y la recomiendo como lectura obligatoria para cualquier melómano. Debo señalar que su plato fuerte son sus reseñas de discos.

Señor Pollo
Blog que se especializa en el rock de la península y que, con excelente criterio, hace buenas recomendaciones.

Madruguemos al tibu
Blog que recoge producciones rockeras peruanas de décadas pasadas. Lo interesante de este blog es que, a veces, cuelga discos de otros géneros musicales, dando muestras de un gusto musical abierto a distintas manifestaciones.

Oirán tu voz
Blog peruano que es una suerte de ventana al extranejero de la producción rockera nacional.

Lávate las orejas
Blog de unos enmascarados a los que tengo que agradecer mil y una veces por los cientos de discos que he conseguido gracias a ellos. La revisión diaria de este blog es una necesidad imperativa para cualquier amante de la buena música.

En lo tocante al hecho más conmovedor y feliz vinculado al rock, está la caída y mejora de Charly García. Sé muy bien que para muchos (quienes por lo común solo conocen al músico por sus berrinches o por el estribillo "estoy verde") Charly García es un insoportable. Pero para mí este argentino es un genio musical, y, sobre todo, es el autor de la banda sonora de mi ya lejana adolescencia. Sus canciones formaron mi educación sentimental y eso se lo agradeceré por siempre. Ojalá, pues, que Charly continúe con salud para seguir creando canciones con esos rasgo que tanto me gustan: tiernas, melancólicas y emotivas.

Y bueno, para cerrar este recuento, sólo resta nombrar la lista más atractiva: la de los peores discos del año. Y los ganadores son:

Helville De Luxe - Bunbury
Le he dedicado un post, y, por ello, no lo calificaré más que con dos palabras: lamentable fiasco.

Miedo escenico - Beto Cuevas
Este disco es tan malo que, luego de escucharlo estoicamente una docena de veces, me dije: "Ojalá Beto sea víctima de un miedo escenico y no vuelva a cantar ni componer jamás".

***

Llegué al final. Deseo, estimado lector / oyente, que esta lista sea una suerte de invitación para que trates de conseguir los discos mencionados. Pues ese es el objetivo de este blog: generar interés o curiosidad hacia el buen rock en español. Y espero que, por lo menos mínimamente, lo haya logrado en ti.

Feliz Año.
Julio Meza

sábado, 6 de diciembre de 2008

Disco: La Reina Pastrula (2008)

Solista: Rafo Ráez (Perú)

Hay un problema terrible en el Perú en lo que respecta al rock actual. Y ese problema es la ignorancia. Si tú, querido lector / oyente, te detienes en el Jirón de la Unión, que es un vía peatonal por donde transcurren cientos o, más bien, miles de individuos por hora, y preguntas al primer desprevenido, como un encuestador de institución sociológica, cuál es el mejor rockero peruano joven, lo más probable es que el entrevistado, muy suelto de huesos y con la seguridad de quien enuncia una verdad irrefutable, diga: Gianmarco o, en el mejor de los casos, Pedro Suárez Vértiz. ¿Por qué sucede esto? ¿A qué se debe tan escasas posibilidades de respuestas? ¿Y, por último, cuál es la razón por la cual nosotros, los peruanos, tengamos un gusto tan dudoso, por decir lo menos? Pues bueno, según mi parecer, los principales culpables son los medios, que reducen las opciones musicales a un puñado de perpetradores de bazofias sonoras, y, actuando a la manera de los peores dictadores, arrojan al olvido o al destierro a los verdaderos talentos, acusándolos de underground, difíciles o, incluso, poco agradables. ¿Por qué los comunicadores toman el privilegio de elegir por las masas? ¿Por qué no actúan de forma más transparente y reparten todas las cartas del juego -es decir, todos y cada uno de los caminos trazados por los diferentes músicos- y esperan a que el público, guiado por su mera intuición o preferencia estética, elija la mano con la que se debatirá en el mundo de las preferencias musicales? No lo sé. Tal vez haya intereses económicos detrás. Tal vez (cosa que es lo más probable) haya simple y llanamente estupidez en sus cabezas. Y es entonces esta estupidez la que mantiene en una perpetua ignorancia al público el cual, esperanzado en la supuesta buena iniciativa de los medios, elige únicamente entre lo que le ofrecen estos, y cree, en una suerte de ceguera cultural, que el mundo del rock contemporáneo es tan básico y esperpéntico como lo que ofrecen los mencionados Gianmarco y Pedro Suárez Vértiz.

Ahora bien, tú, querido lector /oyente, me preguntarás entonces: ¿qué otras alternativas hay en el rock peruano actual? Pues te diré una que, desde hace un largo trecho de tiempo, no es un secreto bajo inquebrantable llave, pero aún no logra la explosión de popularidad y reconocimiento que merece su obra. Y el artista en cuestión es Rafo Ráez.

Es cierto que Rafo no goza de una obra de una calidad constante. En su perenne búsqueda de nuevos sonidos, ha caído a veces en el pozo oscuro del disco fallido. Un ejemplo de esto es su penúltimo trabajo, Chasqui Change, en el cual, por tratar de dominar las teclas, diseñó canciones que bordean el abismo de lo horrible. No obstante, si hacemos las sumas y las restas, sacamos un resultado positivo en lo que respecta a lo hecho por Ráez. Este ha sido el artífice de discos tan redondos como Suicida de 16, El loco y la Sucia, Pez de Fango (en coautoría con el espléndido poeta José Watanabe), y esa cúspide melodiosa que es el Obsequio.

Pero lo mejor de Rafo no está solo en el pasado. Pues, en la línea de los mencionados discos, hace solo unas semanas sacó al mercado La Reina Pastrula, que, sin ninguna duda, es uno de los mejores productos del año no únicamente en el Perú, sino también en todo el mundo de habla hispana.

Con un sonido inaudito, que va desde lo juguetón hasta lo desaforado y violento, y pasa por lo tierno, desvariado y reflexivo, Ráez ha compuesto una amalgama de melodías y ritmos que llegan, a ratos, y con una fluidez desconcertante, a picos de genialidad que en pocas ocasiones se encuentran en nuestro hábitat sonoro. Y lo repito: no estoy hablando de la simple y talentosa perfección. Señalo, sin ninguna hipérbole de por medio, que Rafo en La Reina Pastrula linda con lo excepcional. Y esto, estimadísimo lector / oyente, hay que celebrarlo con palmas, licor y mucho rock and roll.

Pero vayamos a los detalles.

Las piezas de La Reina Pastrula son como joyas en una caja de chocolate: escogieras la que escogieras siempre te llevarás el premio mayor. Subrayaré en primer lugar las instrumentales: King Kong Palace e Incendio. King Kong Palace es una composición jazzística que procura una atmósfera entre gansteril y solemne, entre celebradora y melancólica. Incendio, de otro lado, es de aires andinos (con mayor precisión, ayacuchanos) y se asemeja mucho a Campo Minado de Corazones, un punteo de guitarra eléctrica que presentó Rafo en el Suicida de 16. Incendio, que es de un tristeza enfermiza, hunde al oyente en la explanada inabarcable de la soledad. Es, a mi parecer, como el gatillo del arma de una depresión profunda. En la Reina Pastrula hay también reflexión sobre lo nacional. Esto lo tenemos en Blanco y Rojo, en el que, alineando diferentes capas vocales, la voz dice: Yo soy peruano / rojo, blanco, rojo /pasión, quietud, pasión. Esta es, pues, una hermosa analogía entre los colores de la bandera y las características de lo peruano. En Mi Gordita encuentro alegría y buen humor, conectado con un ritmo bailable que haría las delicias de cualquier habitué de discoteca u otro lugar de diversión. Dice la lírica: Yo la quiero mucho y la quiero comer / yo la quiero mucho y la quiero tener / cerca siempre mío para fornicar / cerca siempre mío para conversar. Divertido, ¿no? Para los románticos, Ráez toca Los Amantes de Fuego, con una potencia que, gracias a la tensión de la guitarra y la batería sincopada, dibuja de manera muy sensual las pulsiones que dominan a los enamorados y que los empujan a las concreciones de los sueños de placer más salvajes. Dice Ráez: Se quieren besar / se quieren beber / se quieren pensar / los amantes de fuego / se dan uno a uno / se dan uno a dos. La pareja que persigue una imposible unidad hasta que, en ese camino desordenado y enloquecido, alcanzan la extinción crepitante que ofrecen las llamas del fuego. ¿Y la genialidad? ¿Dónde está la genialidad? Si eso deseas, querido lector / oyente, pues te invito a prestarle atención a Pueblo Jardinero. En un crescendo hermoso, esta canción parece dirigida a penetrar el alma del escucha y dominarla por unos breves minutos hasta hacerle recordar el platónico mundo de la ideas. Pueblo Jardinero es el sumun de la peripecia musical de Ráez en este disco, pues, con una sencillez que conmueve y perturba, elabora un discurso lírico que confunde y maravilla como el sueño del estremecedor opio o el retozar blando luego del amor perfecto. Un detalle de la lírica: Pueblo Jardinero / está clara la cosa / la espina es la hermana de la rosa / no es un sacrificio / la tierra es morirse / seré un jardinero de raíces / si muero.

¿Seguirás, pues, estimado lector / oyente, prefiriendo a Gianmarco o Pedro Suárez Vértiz? ¿Continuarás creyendo que el rock se limita a lo indicado por nuestros comunicadores obtusos (de los otros, de los inteligentes, también los hay, pero, lamentablemente, son pocos y están en extinción)? ¿Pensarás que Pedro Suárez Vértiz es nuestro Bob Dylan, como dijo alguna vez Jaime Bayli -ese excelente periodista político, pero pésimo escritor y peor crítico de arte-? Por favor, espero que cambies de opinión y le des una oportunidad a Rafo Ráez, quien, de seguro, no te decepcionará y al que, luego de apreciarlo, no lo considerarás de ninguna manera como nuestro Bob Dylan nacional, sino, orgullosa y definitivamente, como nuestro único e incomparable Rafo Ráez.
Julio Meza Díaz

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