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domingo, 28 de octubre de 2007

Disco: Hágalo usted mismo (2006)


Grupo: Los Tres (Chile)

En Chile, en la década del 90, hubo dos bandas que, entre muchas otras, descollaron en el ambiente rockero: Lucybell y Los Tres. Esta última agrupación, con letras agudas y sonido en su mayor parte de componente acústico, tuvo como su cúspide creativa su presentación en el MTV Unplugged (1995) y en la producción de su disco Fome (1997). Luego de problemas intestinos, que tuvieron un corte sentimental muy cercano al culebrón, Los Tres decidieron darse un respiro y, con un disco en vivo, Freno de mano (2000), se retiraron a sus cuarteles de invierno. Los años pasaron y, cuando nadie sospechaba que la mencionada banda resucitaría de sus cenizas cual ave Fénix, Los Tres volvieron al redil musical con Hágalo usted mismo (2006), un disco de diez canciones que quizás entusiasma a sus incondicionales, pero que, para un simple escucha como yo, no es más que un bajón en su irregular carrera musical.

Con el estilo que definieron en su tercer disco, La espada y la pared (1995), Los tres comienzan Hágalo usted mismo con No es cierto. Un bajo sin complicaciones se conecta con una batería liviana, y la voz canta sin mucho brillo. Se escucha, por ejemplo, lo que sigue: Para ser un valiente / hay que llegar al final / soldado / en tu uniforme hay arrugas que planchar. El referente al pasado militar chileno es un tópico al que vuelven en otra pieza, Bestia, en donde el discurso de la banda es más explícito: Bestia / no vuelvas a mirar / la vida como a un juguete más / tuviste la tuya / deja la mía en paz. En esta pieza, que está dedicada probablemente al ex dictador Agusto Pinochet (quien, por cierto, ojalá esté hirviendo en el infierno), Los Tres dejan en claro que la música puede optar por una trinchera y que, algunas veces, no sólo es mero placer estético. En Agua bendita, con guitarras que remiten a la música tradicional chilena, se tocan los dilemas amorosos de un individuo que ha sido arrastrado por los vericuetos de la pasión. En Hágalo usted mismo, el tema que le da título al disco, Los tres narran una historia de connotaciones extravagantes. Se describe a Dios como un ente poseedor de una ironía macabra. El cantante dice: Un día / en un pueblo polvoriento / Dios se apareció… Yo iba con mi caballo… Escúchame, señor / tengo a una mujer / que ya no quiero ver / que la parta un rayo / que la parta un tren / Y me dijo / hágala usted mismo / y ya verá. Y bueno, temiendo generar animadversión entre los mapuches, tengo el deber de afirmar que esas son las canciones más destacadas del álbum. Para mi pesar (y lo que diré a continuación será sincero, y fundado en un juicio crítico), el resto es previsible, tanto musical como líricamente. En verdad, esta conclusión es muy penosa; sobre todo porque califica a una banda que, en el pasado, sorprendió con su virtuosismo musical.

Habrá que darle tiempo, pues, a Los Tres. Aún no han perdido sus armas, y la juventud les sonríe; eso significa que, quién sabe, en un futuro lejano o, a lo mejor, cercano, nos regalen una muestra destacada del talento que, sin ninguna duda, poseen en abundancia. Como dicen las ancianas, “ya vendrán tiempos mejores”. Muchachos de Los Tres, esperen a que esos tiempos lleguen.
Julio Meza Díaz

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sábado, 27 de octubre de 2007

Disco: Sino (2007)


Grupo: Café Tacvba (México)

Hay algo que tienen que saber los desinformados: Café Tacvba no se reduce a las canciones La Ingrata y Eres, pues está muy lejos de ser un grupo de unos cuantos hits tontos. Sin ninguna duda, Café Tacvba es una de las más importantes bandas de rock latinoamericano y, como si esto fuera poco, es uno de los experimentos sonoros más inteligentes de la música contemporánea. Si usted, querido lector / oyente, duda de mi afirmación, pues le invito a escuchar el Re, esa cúspide del mestizaje musical, que contiene alrededor de una decena de audacias estéticas. También puede llenarse los oídos con el Revés/Yo soy, que es una búsqueda electrónica de vanguardia y un claro triunfo de la creativa que domina las formas melódicas.

Pero si usted, estimado lector / oyente, quiere algo reciente de Café Tacvba, algo último que lo sorprenda y vitalice, pues le sugiero que, para que amplíe su conocimiento musical, ponga en su cd player el Sino, la más reciente producción del mencionado grupo mexicano.

Ya lejos de sus magníficas mezclas sonoras, donde la tradición popular mexicana se aliaba con los sonidos actuales del rock, Café Tacvba ha emprendido la creación de su nuevo estilo, que es algo cercano a lo que se encuentra entre los británicos, pero que mantiene un sello propio, una característica original e independiente, como la tienen las bandas con talento mayúsculo.

Con un fondo musical tenue, el disco arranca con Seguir siendo, que es impulsada por una voz susurrante que dice: Soy el que nunca mira / soy el que nunca escucha / siempre estoy detrás de lo que ves. Como puede apreciar, estimado lector / oyente, la lírica crea un personaje difuso, distanciado de lo humano, pero que también percibe la realidad a través de unos sentidos ansiosos. La siguiente pieza, Tengo todo, que es una continuación de la anterior, dibuja al ente descrito de forma cabal, mientras se expanden las guitarras con su sonido acerado. Se escucha lo que sigue: Si busco en el todo / encuentro el sino / liberar y disolver / y yo en el vacío. Hallar el sentido en el absoluto. Quizás esa sea la lógica que trata de graficar la canción. Otra pieza destacable es Volver a comenzar. Me parece que, por el ritmo que marca la batería, podría ser un hit bailable en las pocas discotecas de corte rockero que aún sobreviven. Cierto o falso y De acuerdo muestran una fuerza guitarrera que sorprende, pues su rapidez, acompañada con unos bajos certeros y unas baquetas que le dan duro a los tambores, le imprime a las canciones un sobresaliente corte musical. Con una melodía tierna, Y es que… habla tal vez del despliegue de Café Tacvba en la década de los 90, la década que los mostró al mundo. Dice la voz: Desde un remoto lugar / desde otra generación / una forma de pensar / fuimos tan sólo una opción. Nada más humano (pues somos el homo sapiens sapiens -el hombre que sabe que sabe-) que reflexionar sobre la propia existencia y dar a conocer las conclusiones de esos pensamientos. Más adelante, encontramos la joya del disco: Quiero ver. Con una letra romántica que trata de conquistar dulcemente a la amada, los Café Tacvba trazan con sencillez una pintura sonora de una ternura incalculable. Se escucha: Quiero ver / tu risa todo el día / escuchar / la melodía de tu voz / quisiera ser el brillo de tus ojos / el peine que desnuda tu esplendor / la esquina que te ve cuando caminas. Le recomiendo, amable lector / oyente, que, si usted pertenece al género masculino, le envíe esta canción a su preferida, y, si, por el contrario, usted suma el conjunto de las féminas, le propongo gozar de dicha pieza acompañada de su correspondiente pareja. La última canción del disco, Gracias, es una triste ironía que describe un mundo ideal que, lamentablemente, existe sólo en los sueños. En los minutos finales, la intrepidez de los instrumentos usados en la producción produce una fuga que linda con la libertad del rock progresivo o el jazz más desembozado.

Apreciado lector / oyente, queda claro, pues, que Café Tacvba es una banda más grande que sus singles momentáneos. Café Tacvba es la expresión del triunfo de la insistencia y el genio tras un único objetivo: hacer cosas bellas.

Julio Meza Díaz

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jueves, 18 de octubre de 2007

Disco: La Lengua Popular (2007)


Solista: Andrés Calamaro (Argentina)

Si los brasileros aseguran que son los más grandes del mundo, los argentinos, sin temor a pecar de egocéntricos, a veces no dudan en afirmar que son los mejores del universo.

¿Hay alguna forma de comprobar esta afirmación? Pues una salida es oyendo a sus rockeros. Con ellos, si convocáramos solo a los más conocidos de la música última, podríamos formar un equipo de fútbol lleno de megaestrellas. Piensa, querido lector / oyente, en la delantera. De titulares se tendría a la dupla imbatible, a la batería goleadora y con poderes de destrucción masivos, Charly García – Luis Alberto Spinetta. ¿Cuál sería la banca de estos genios? Me parece que Gustavo Cerati y Andrés Calamaro. Esto que he dicho es polémico. Lo sé. Pero ahora, en este recreo de la imaginación, soy el director técnico, y por eso decido sobre las convocatorias y los jugadores fijos y suplentes. ¡Nadie, ni siquiera el más encumbrado, puede rebatir mi voz! (qué fascista me salió esa frase, ¿no?). Y bueno, ¿a qué se debe esta presentación? Pues para hablarte de uno de los jugadores de reemplazo, que no por ello carece de talento, como buen argentino que es. Y, como lo sospechas, me refiero al buen Andrés Calamaro.

Andrés, hace unas semanas, ha lanzado su más reciente trabajo, que titula La Lengua Popular. ¿Sorpresas? Ninguna, pero quizás eso sea lo mejor, ya que, después de hacer mega producciones (no olvidemos el Honestidad Brutal -dos discos- y El Salmón -cinco discos-), después de pasar por el género tanguero (Tinta Roja), después de hacer covers de clásicos latinoamericanos (El Cantante), después de un penúltimo buen álbum (El Palacio De Las Flores); Calamaro, con su característica voz opaca, con su aura de bohemio consumado y consumido, empuñando su guitarra afinada muy a lo Bob Dylan, vuelve a darle en el gusto a su siempre fiel hinchada con doce canciones, todas entrañables y llenas de un sentimiento muy gauchesco, y rebosantes hasta soltar espuma de lo argentino, su pampa y su bife suculento.

Andrés, quien fue el chiquillo de los Abuelos de la Nada, y el joven maduro en Los Rodríguez, arranca su nuevo disco con un puntapié sonoro en los oídos: Los Chicos. En ese tema, se habla de la muerte. Sí, lo leen bien, ¡de la muerte! ¿Acaso, Calamaro, sientes la cercanía del final? ¿El temor ante la duda que despierta el más allá? Luego, dos piezas después, suena: Soy Tuyo. ¡Esta canción será un hit! Con una guitarra liviana, la voz dice: me gusta desarmarme arriba tuyo / me gusta demasiado ensuciarte / besar tu flor inmediata / besarte atrás y adelante. ¡Esta es una lírica sin tabúes!... De ahí, canciones más abajo, una de las persecuciones artísticas de Andrés: una pieza con aires de chicha (así le dicen acá, en el Perú) o de bailanta (según se llama en Argentina). Esta canción es La espuma de las orillas... ¿Y la tristeza? Pues también tiene un espacio. Escucha, por ejemplo, mi estimado lector / oyente, Cada una de tus cosas: Mirando el río / una rumbita te escribí / mientras te esperaba / con el pechito inquieto y alegre / y un andar de no ser de acá. Me imagino a un argentino entonando esas letras, mientras mira el Rímac, el río hablador, allá por el centro de Lima, inundado por el smog, tratando de componer unos versos, y esperando a una, como decimos nosotros, flaquita, o una, como dicen los argentinos, mina. ¡Ah, la tristeza!… Pero para vencerla está la subsiguiente canción: La mitad del amor, en la que se dice: Voy a tomar / unos apuntes / voy a tomar para olvidar. Claro que, se supone, aquí se habla del amor, pero la interpretación es un ejercicio que, en extremo, nos puede hacer leer la Biblia como si fuera el diario de un cómico cínico. Por eso, para mí esta pieza habla del olvido, del muy sano olvido… Por último, está una canción que me desconcierta: Mi cobain (superjoint). ¡Qué tiene que ver el pelucón rubio del país gringo con el pelucón moreno Calamaro! Lo bueno es que para hablar del suicida Cobain, Andreito no se despega de su estilo, pues hubiera sido horrible escuchar grunge en un álbum tan redondo y destacable.

Y esta es mi crítica, estimado lector / oyente. ¿Queda claro que los argentinos a veces son los mejores del universo? ¿Todavía hay dudas? Pues les doy un argumento irrebatible; será un argumento musical… Sigue estas instrucciones: pon La Lengua Popular en tu cd player, presiona play y… ¡ahí tienen mi argumento! ¡Son los mejores! ¡No hay duda alguna! ¡Che!

Julio Meza Díaz.

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sábado, 29 de septiembre de 2007

Disco: Chaski Changes (2006)


Grupo: Rafo Ráez Y Los Paranoias (Perú)

Hasta hace poco, cuando escuchaba a Rafo Ráez, a mí me atacaba la nostalgia.

Era la década del noventa. Yo aún estaba en secundaria, y, pese a lo que mandaba la regla, no me satisfacía con las propuestas radiales. De modo que salí en búsqueda de nuevos sonidos y, gracias a un amigo llamado Rubén, conocí el primer disco en solista de Rafo Ráez: Suicida de 16. Con esa producción de fondo musical, dejé que fluyera mi adolescencia, que fue un conjunto de años en los que me dolía el existir.

Como decía, entonces, hasta hace poco, cuando escuchaba a Rafo Ráez, yo recordaba mis primeros choques contra la existencia.

Pero ahora, que he puesto en mi cd player su último disco, Chaski Changes, viene a mi cabeza la popular sentencia que indica que las cosas cambian y que, a veces, cambian para mal.

Desde hace mucho tiempo, Rafo Ráez ha venido trabajando en una obra ecléctica, bastante personal, que linda con la trova, pero que se instala en el territorio del rock. Chaski Changes es el resultado de esta búsqueda estética, que, para mí, ya ha perdido el norte y se dirige hacia el terrible extravío.

Acompañado por los Paranoias, Rafo Ráez intenta en Chaki Changes crear atmósferas sonoras. Pero el método que usa para lograr su propósito es el más inadecuado. Emplea los teclados con torpeza (no se necesita ser un experto para concluir que Rafo Ráez es un inhábil con el piano y el órgano), modula la voz hasta convertirla en un pitillo molestoso y abandona la fuerza de la batería y la guitarra eléctrica. Este corte lo tienen canciones como Déjalo morir en casa, Perdóname, Radiografías, Víboras místicas, Chico de ciencia ficción y Siempre se te extraña aquí.

Como si fueran un añadido a la lógica imperante del disco, se encuentran también canciones de una naturaleza sencilla y cercana a lo realizado antes por Rafo. Por ejemplo, en este lote de piezas tenemos a La chica de mis sueños. Con guitarras estridentes de acompañamiento, Rafo vocifera, de manera poco inspirada: “Dime si eres lesbiana / porque a mí me has vuelto maricón”. Otro track es Los planetas. Esta es una canción singular. No tanto por sus virtudes estéticas, sino más bien porque demuestra la coherencia que maneja Rafo al momento de hacer líricas. Dice, luego de hacer referencia a teorías sobre el universo: Galileo Galilei / Thomas Newton y su ley / Edgar Allan Poe y sus desvaríos. Me pregunto: ¿Qué tienen que ver esos científicos con el cuentista norteamericano? Explícamelo, querido lector / oyente.

No obstante el cúmulo de errores de este álbum, hay que admitir que Rafo, como siempre, ha hecho por lo menos un par de buenas canciones. Son los destellos en la noche oscura del compositor. Ahí tenemos: Tus ex, mis ex y 2.6. La primera tiene un ritmo sincopado, que se acerca al landó y a lo realizado por Portishead. La otra es una pieza con guitarras acústicas y una batería que vibra con fuerza. Su lírica hace referencia a los sentimientos calculados matemáticamente. Son, sin duda, recomendables.

Como decía, hasta hace poco, cuando escuchaba a Rafo Ráez, a mí me atacaba la nostalgia.

Pero ahora, que he puesto en mi cd player el Chaki Changes, me da pena. Porque estoy ante un músico con talento, que tuvo un tiempo dorado y que, sin embargo, está perdiendo el brillo y, salvo muy pocos, nadie se lo hace notar.

Ahora, cuando escucho a Rafo Ráez, me ataca la pena…
Julio Meza Díaz

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miércoles, 19 de septiembre de 2007

Disco: El Zafiro De Las Galas (Urbano 003, 2007)


Solista: Daniel F. (Perú)

Como todo buen poeta sabe, las palabras a veces son insuficientes para describir los más hondos sentimientos. Como todo crítico que se respete sabe, los comentarios a veces son insuficientes para describir las más logradas obras de arte. Como me estoy percatando ahora (mientras escucho El Zafiro De Las Galas), mis adjetivos serán muy pobres para describir este último disco de Daniel F.

Comencemos por el título: El Zafiro De Las Galas. ¿Qué nos dice? Pues que, como literalmente lo enuncia, las piezas de esta producción son las más logradas de un gran conjunto de canciones. Fueron, pues, el resultado de una selección minuciosa, casi de científico, por parte del autor. ¿Tuvo buen oído al escogerlas? Sí. ¿Por qué lo afirmo de manera tan tajante? Por las siguientes razones.

Tomando cierta distancia del rock progresivo que practica con Leusemia, Daniel F. ha hecho lo que mejor sabe hacer: canciones breves, a veces melancólicas, a veces de catarsis amorosa, canciones que, finalmente, apelan más a la inteligencia sentimental que al oído del escucha que desea virtuosismo desembocado. Su actual estilo es tranquilo, un poco sombrío, pero siempre calmo y lento, propio de un cantautor que ya ha dejado atrás la juventud y, obviamente, sus despeinados impulsos. Daniel F. toca temas fundamentales: la muerte, el amor, la soledad. Sufre de verborrea, pero esto no se nota como un error, sino como una capacidad brillante, pues suelta versos certeros y los teje con la habilidad del experto. Esa es la palabra: experto. Daniel F. es ya un experto. Y lo que hace ahora es demostrarnos su capacidad de volar entre las notas musicales.

¿Qué canciones recomiendo? Pues todas. Pero hay algunas que me han conmovido más que otras, que me han calado con profundidad y que me impulsan a vociferar a todos los vientos la calidad de este caluroso disco. Como todo compositor talentoso, Daniel F. hace himnos inolvidables, como El Pasadizo De Las Sombras 1, que podría ser motivo de un largo comentario aparte. Crea también atmósferas penumbrosas que, por ejemplo, podemos hallar en la canción titulada En Las Fauces De Nombradía. Hace melodías pegajosas, que habla de compañías infinitas, mientras se cuestiona su realidad de trovador, de excelente trovador. ¿En dónde se escucha esto? En Los Vagabundos. Demuestra su conocimiento de la poesía contemporánea peruana, y se apoya en versos de Rocío Silva Santisteban; y, por supuesto, añade detalles de su cosecha, y crea una pieza casi inacabable (¡y ojalá nunca acabara esa canción!). Esa es Turbulencia O La Crónica Semanal Reseñada De Una Historia Sin Despedida. Y así sigue la lista de tracks: impresión desgarradora tras impresión inolvidable y potente.

Mientras escucho El Zafiro De Las Galas, me doy cuenta que salto de joya en joya (es decir, de canción en canción), y me percato de algo irrechazable: todas son El Zafiro. Lo que he puesto en mi cd player no es un disco, es un tesoro.
Julio Meza Díaz

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domingo, 9 de septiembre de 2007

Disco: Bailando En El Muladar (2007)


Grupo: Cementerio Club (Perú)

Si alguien me apuntara con una pistola y me pidiera, con violencia alterada, que defina en una sola palabra este último disco de Cementerio Club, diría: “Beatles”. Les aseguro que, por la certeza de mi respuesta, salvaría la vida.

Bailando en el muladar, la cuarta pieza de estudio de Cementerio Club, tiene una explícita influencia beatlesca. Para los entendidos, esto no es nuevo. Desde un principio, tanto Arbulú como Solano, las cabezas descollantes del grupo, han declarado su amor intenso e inacabable por el cuarteto de Liverpool. Pero en esta ocasión, sus corazones enloquecieron y, dicha pérdida de tornillo, que, por cierto, suele ocurrir en los enamorados enceguecidos, se reflejó en los coros melódicos, en los punteos harrisonianos y en el bajo mccartniano. Y podría seguir endilgando adjetivos beatlescos para calificar los detalles musicales de Bailando en el muladar, pero temo que la Real Academia o un purista del léxico me sancione con un certero puñete en la lengua.

Para evitar lo obvio (es decir, proceder a comentar algunas de las canciones), dejaré que tú, querido lector/oyente, descubras una a una estas inolvidables joyas que componen Bailando en el muladar. No obstante, haré una advertencia: no te dejes llevar por la primera canción, Ya no me pones. Obviamente, es una concesión hecha a favor de las radios limeñas. Con una letra que no solo linda, sino que cae en el profundo hoyo de lo estúpido (dice así: “tú ya no me pones/aunque te desnudes”), desluce el conjunto y hace pensar que el resto del disco es de una carga verbal tan inteligente como las líricas embrutecedoras de Maná o los monólogos iluminados de un chimpancé alcoholizado. Otro dato: no eviten el track 11, Verte Madrugar. A diferencia de Ya no me pones, la señalo como la cúspide del disco y, quizás, de toda la carrera musical de Cementerio Club. De una carga poética sencilla pero contundente, tiene momentos de una intensidad descarrilada y tierna semejantes al primer beso de una niña o al primer homicidio de un criminal. Solo te diré algo más: no te la pierdas.

Y bueno, de seguro habrá algún disidente que pregunte: ¿pero de la mera influencia de los Beatles no han pasado a la copia descarada? Por supuesto que es una interrogante válida. Pero la música actual, como cualquier arte, se fundamenta en sus precedentes. Como la gran mayoría de mis lectores saben, el genio no se encuentra en el acto del simple calco, sino en ordenar los elementos heredados y darle una nueva y brillante forma. Y eso es, exactamente, lo que ha hecho este buen grupo de rock peruano.

Espero que nunca acaben en el cementerio de nuestra memoria, es decir, en nuestro triste olvido, sino que se anclen en el club de nuestros mejores recuerdos, señores de Cementerio Club.

Julio Meza Díaz

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martes, 28 de agosto de 2007

Disco: No Love (2007)


Grupo: Turbopótamos (Perú)

Cuando un amigo me dijo que los Turbopótamos habían sacado un nuevo disco, yo le respondí, citando a Guajaja, esa estrella venida a menos del pop afroperuano, “a mí que chu”. Hasta ese entonces, había escuchado la primera producción del dichoso grupo, y me había parecido que su pequeña fama era más el producto de los medios que del preciado talento musical. Sin embargo, después me tragaría mis propias palabras (o las palabras de Guajaja, en realidad), pues, luego de escuchar el No Love, caí en la cuenta que los Turbopótamos son dignos de mención.

“¿Pero qué tiene de bueno?”, dice la mujer picona cuando habla del enamorado de su amiga. Yo hago la misma pregunta, pero refiriéndome al No Love. Primero, si uno escucha el disco como telón de fondo de sus actividades, descubrirá que está frente a un álbum con un sonido lúdico, que hace recordar el felling del adolescente entusiasmado por descubrir su entorno. Segundo, sin lugar a dudas, el No Love está constituido por buenas canciones. Unas son mejores que otras, pero algunas podrían ser calificadas, en términos futbolísticos, como goles de media cancha.

Paso a comentar los acercamientos al arco rival.

El No Love arranca medianamente bien con No me meto. En esta pieza, un bajo que brinca como un pony juguetón acompaña una letra que trata del terrible desamor. Hay unos coros muy pegajosos que se alargan hasta un primer final, que da paso a una fuga sencilla pero efectiva. En La Fiesta, de aire melancólico, una voz se queja de haber organizado una reunión en la cual no se acercó a la amada. “Me quiero ir/ me quiero oír”, dice la mencionada voz, en un juego de palabras en el que, veladamente, habla de su vocación musical. Elisabel, con aplausos de acompañamiento y guitarras estridentes, hace referencia a una historia de fidelidades. Se puede distinguir el sonido de órgano, que ejecuta notas muy sencillas, pero que dan al entramado sonoro una ambientación certera.

Y, a partir de aquí, vienen los goles.

En la pieza que le da título al álbum, No Love, de contenido explícitamente amoroso, la melodía cadenciosa de un piano y una guitarra, dan una envoltura solvente y amable al devenir musical. “No love before”, dice la letra, con tono de arrastrado sin remedio. El final, con un esquema ya practicado en otras piezas del disco, cierra la tristeza del cantante con un sello de añoranza. El Tiburón es rápido y violento como el depredador al que hace referencia. “Algo está pasando/algo está faltándonos”, grita la voz del principio, abriendo la canción a su posterior dureza. En El Ratón Matón, junto con sonidos lánguidos, se sueltan frases de equívoco contenido filosófico: “ser o no ser/igual me voy a joder”. Pese a ello, un bajo lúdico, seguido por una voz de las mismas características, generan un conjunto sonoro soberbio. Y, para cerrar el producto, Regresa Gordita da señales de cierto carácter epicúreo y místico de la agrupación. Se escucha lo siguiente: “estoy contento con esta canción/experimento satisfacción”. Y se agrega: “voy comprendiendo la esencia de Dios/voy comprendiendo el incienso/ese olor”. Sin duda alguna, los Turbopótamos se muestran como jóvenes con espíritu y paltas adolescentes. ¡Bien por ellos!

Resultado del encuentro: Goleada. Ganador: Turbopótamos.

Ahora bien, ¿volveré a mencionar a Guajaja cuando me hablen de los Turbopótamos? No lo creo. En todo caso, desde este momento, cuando critiquen negativamente el No Love, diré, estando muy seguro de mi opinión: “a mí que chu”.
Julio Meza Díaz

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