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martes, 17 de febrero de 2009

Disco: No te salves (2008)


Solista: Pelo Madueño (Perú)

Entre otras, hay un tipo de crítica que detesto: la que exalta supuestos valores de una obra artística solo por la procedencia nacional de su autor. Regalar alabanzas al disco Play de Pedro Suárez Vértiz debido únicamente a que dicho cantante es peruano, por ejemplo, indica un hecho terrible: que el comentarista que ejecutó el texto de análisis es un chauvinista obtuso, pues ha preferido superponer el origen patriótico del ex líder de Arena Hash antes que el carácter estético del trabajo musical en cuestión (el cual, por cierto, es tan pobre y hasta estúpido, que invita al sueño por aburrimiento o al odio fanático contra el rock de las masas). De modo que, con esta advertencia de por medio, le señalo, querido lector / oyente, que las palabras que le dedicaré al último disco de Pelo Madueño (y las de los anteriores textos vertidas a las producciones de distintos compatriotas) no se guían por un impulso ciego a favor de mi bandera, sino por mi personalísima apreciación de los logros del señalado creador.

Pelo Madueño es inagotable. Cuando era muy joven, allá por los inicios de los 80, formó parte de la agrupación Narcosis, la cual se ha tornado con el paso del tiempo en un clásico del rock subterráneo peruano. En Narcosis le pegaba duro a la batería y, a causa de su peinado que desafiaba la ley de la gravedad, obtuvo el mote de “Pelo Parao”. Junto con Luis “Wicho” García (actual vocalista de Mar de Copas) y Fernando “Cachorro” Vial, ejecutó himnos punk que fueron la delicia rebelde de sus contemporáneos y que, aún ahora, se siguen coreando en reencuentros de la mentada banda. Posteriormente, ya en la década del 90, Pelo encabezó “La liga del sueño”, grupo que circulaba entre la onda pop, los guiños tropicales y las guitarras del rock más honesto. “La liga del sueño” editó tres discos, dos de los cuales obtuvieron una gran acogida, con videos transmitidos por MTV y singles rotando en las radios. A principios de esta década, Pelo emigró a España y, en dicho país, editó su primera placa como solista, Ciudad Naufragio, en la que, en la canción “Nuestro secreto”, compartió micrófono con Joaquín Sabina. Y ahora, en lo que a mi parecer es su fruto más cuajado, presenta al público “No te salves”.

“No te salves” es en definitiva un trabajo intimista. El que quiera encontrar hits bailables, livianas canciones de amor o meros jugueteos sonoros, pues le doy un consejo: apártese. “No te salves” es una puerta a la melancolía, a la contemplación de un espejo sincero y desgarrador. Su sonido, de una elegancia compleja, invita a la absorción de las líricas como si fueran remedios perversos que, en vez de sanar, agravaran las enfermedades del alma. “No te salves” es un lance a la desorientación, al caos de los sentimientos y las razones, para al final solo obtener la certeza dudosa de que nada se puede asir ni conservar, ni siquiera uno mismo.

Las canciones de “No te salves” tienen en su mayoría un mismo nivel, el que marca una excelente calidad. No obstante, hay algunas que sobresalen por su intensidad o por lo intrincado de su factura. Entre las primeras, señalo a “Amiga” y “Deportación”. Con una batería sencilla y un punteo de guitarra eléctrica, en “Amiga” la voz canta de modo confesional: “amiga, yo no te quiero mentir / quiero que lo sepas todo / que tengas muy claro lo que hay aquí / amiga, no tenemos que fingir / hemos dado muchas vueltas / estás muy clavada dentro de mí”. Es claro, pues, que en esta relación hay más que una simple amistad. Quizás el amor, quizás la pasión, o quizás ambos, son las causas de la ligazón de estos personajes, de los cuales el varón, en un momento de explosiva sinceridad, revela sus atravesados sentimientos. Acompañado de unas cuerdas acústicas, en “Deportación” la lírica señala: “en la oficina de Lucifer / sellan papeles / con aranceles / caí a tus pies / como un ciego fiel / que busca hondo / chulo y horondo / sin más coraje / ni equipaje / que la fuerza de este sol / sin más desidia / ni perfidia / busco la deportación”. Se trata un tema muy contemporáneo: los problemas de la emigración. Cualquiera podría señalar que es un asunto muy manido, pero Pelo no cae en el lugar común: evita el lenguaje de llana literalidad. A base de metáforas sencillas pero efectivas, narra las sensaciones de estar sujeto a la decisión de un ente superior y malvado, y la resignación y tristeza que implica un contexto semejante. Ahora bien, entre las canciones de intrincada compostura, se hallan las siguientes: “Es hora” y “Romántico y ninfómana”. Privilegiando los sonidos del bajo, y mezclándolo con la batería y coros elásticos, Pelo parece marcar un hito en su existencia, pues suelta lo siguiente: “es hora de avanzar un poco más / poner el punto cero en el final / trazar la ruta de la inmensidad / es hora de besarte sin parar / amarte con blanca profundidad / unirnos en un mantra natural”. ¿Se refiere a un borrón y cuenta nueva personal? Únicamente Pelo lo sabe. En “Romántico y ninfómana”, los teclados van construyendo una rara expectativa que, a manera de bombazos de luz, se resuelven con distorsiones de guitarra que invitan al desenfreno del cuerpo. La letra no puede estar más surcada de imágenes: “voy a entregarte el corazón / bajo una lluvia de aserrín / como el dolor / también desapareceré de aquí / eres las doce en mi reloj / vampira en Lima de abril / preciosa sabia amante / mi vida está junto a ti”. Con estos versos, que funcionan a manera de retratos poéticos, Pelo va construyendo la singular historia sentimental de un romántico y una ninfómana, los cuales conforman una pareja que, por lo menos en apariencia, llevan la carga de la atracción y la repulsión en un único vínculo.

Y bueno, estimado lector / oyente, ¿consideras acaso que los elogios a favor de Pelo Madueño se deben solo a la nacionalidad que comparte conmigo? Si tu respuesta es afirmativa, pues te diré lo siguiente: a mí no me alegra ni enorgullece que Pelo sea peruano (es más, no me interesa en absoluto ese detalle). Pero lo que sí me entusiasma y hasta me da una lección de vida es que él sea un artista comprometido con su arte, que haya trabajado incansablemente en el desarrollo de una estética y que, finalmente, haya alcanzado una meta mayor: la consecución de un producto musical muy destacable.
Julio Meza Díaz
Foto sacada de:

Gracias a You Tube:





3 comentarios:

Raúl Allain dijo...

Hola. Es acertada tu posición con respecto al chauvinismo musical. "Amiga" es una de las canciones que más he reproducido del disco, junto a "Luna de miel" y "No hay estrellas en el mar".

Fran dijo...

Muy bueno este album el cual me he tomado mi tiempo para escucharlo musical y liricamente, en su totalidad muy bien estructurado, tiene muchos haciertos con los sonidos pero lo mas resaltante es la letra, no por esto se crea algun contraste si no mas bien se integra muy bien, los temas terminan siendo contundentes, a modo personal su particularidad me ha enriquesido, auque sabes que no es mi linea musical pero a la que estoy ingresando de doy mi pequeña apreciacion aunque podría ser mas específico no quiero aburrir, gracias por pasarme esta musica man, estamos en contacto.

Fran dijo...

perdón aciertos